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De pena ajena escuchar al Almirante Secretario.

Inconcebible que el responsable de una institución castrense, donde todo tiene que estar bajo control, afirme que no tener una licencia para conducir el tren accidentado fue “una falla administrativa”.

Y que se desconoce quién no supervisó esto.

La Secretaría de Marina, con perdón del almirante Morales, no debe tener espacios para incumplir las normas.

La disculpa es patética.

¿Quién permitió que un conductor, improvisado, que tal vez nunca cumplió con las capacitaciones necesarias para contar con licencia, estuviese al mando? ¿Por qué no existe control sobre la velocidad, si cualquier autobús de pasajeros lo tiene? ¿Por qué la diferencia de 15 kilómetros llevó a su descarrilamiento?

La apresurada, incluso amañada, investigación a cargo de la Fiscalía de la República ha venido a exhibir fallas inmensas en esa entelequia llamada “Tren Interoceánico”.

Errores, descuidos, hasta corrupción, que pertenecen a la competencia de quienes participaron, supervisaron, su construcción.

El principal responsable es el ahora titular de SEMAR, nombrado director general del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en enero de 2023, quien supervisó todos los esquemas de seguridad para su operación.

Suponemos que los marinos saben de seguridad.

Hubo prisa, mucha prisa por echar a andar el proyecto. Pero las órdenes superiores no justifican, nunca, el resultado desastroso que hemos comenzado a conocer. Las filtraciones del expediente de la investigación de la Fiscalía hablan, por ejemplo, de que el conductor hoy en la cárcel no era tal, que su experiencia es la de “garrotero de camino”, con nivel escolar de Secundaría.

Grotescas las declaraciones del titular de Marina, almirante Pedro Morales, en cadena nacional, de cara a su comandanta suprema, asegurando que se está investigando quién o quiénes no supervisaron esta “falta administrativa” de que el tren fuese conducido por una persona sin contar licencia. ¿En manos de qué autoridades estamos?

En una institución extremadamente rígida, con una cadena de mando formal, establecida en manuales, resulta inadmisible ignorar quiénes no supervisaron el manejo de un tren que está bajo su dominio.

¿Los otros responsables, desde la compra de vagones del siglo pasado, desde la construcción sobre vías no aptas para pasajeros, fueron civiles o marinos? No lo sabemos. No obstante, de lo que podemos estar seguros es que el Tren Interoceánico está bajo el control de SEMAR, y por tanto del Almirante Secretario. Lo menos que puede esperarse es que sepan a quiénes ponen a conducir el tren, simplemente para que no descarrile por “ir a exceso de velocidad”.
Porque eso es lo tiene encarcelado al conductor sin licencia, aunque la voz popular, la de expertos académicos no consultados por la Fiscalía, asegura que fueron otras las causas.

Lo que quedará para la historia es que un Almirante al frente de la Secretaria de Marina, máximo honor aspiracional, afirmó que “no contar con licencia de conductor de tren” no es sino una falta administrativa. Así, es obvio asumirlo, nuestros barcos están en manos de cualquier oficial sin licencia de piloto, así nuestros hospitales navales están en manos de médicos sin título, por decir lo menos…