
Consultar con un médico y verificar que tengamos completo el esquema de vacunación son pasos sencillos que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte
Desde hace exactamente un año, una enfermedad que se consideraba erradicada en muchas partes del mundo volvió a encender las alarmas sanitarias: el sarampión. En 2025, en México ocurrieron 6,213 casos de este virus, causando 26 defunciones asociadas al brote, la mayoría en personas sin esquema de vacunación completo.
Esto es inaceptable: no debería existir ni un solo caso y mucho menos una sola muerte; la meta frente a esta enfermedad es CERO. Solo en el primer mes de 2026 se han confirmado 1,300 casos adicionales (como parte del total acumulado).
No se trata de un virus menor: el sarampión está entre los virus más contagiosos conocidos, con un índice de transmisión (R₀) que puede alcanzar cifras de 12 a 18 personas infectadas por cada caso. Esto quiere decir que una persona contagiada puede transmitir el virus a 12 personas o más, siempre que ellas no estén vacunadas.
Frente a este escenario surge una pregunta clave: ¿la vacunación es un asunto exclusivo de los niños?
La respuesta es un rotundo no. Para que una persona se considere inmune, debe cumplir con al menos uno de estos tres rubros: documentación oficial de vacunación, serología positiva para IgG contra sarampión o haber nacido antes de 1957.
Algunos otros casos especiales que requieren vacunarse son los grupos de alto riesgo; entre ellos están el personal de salud, adultos mayores y personas con alguna comorbilidad.
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La vacunación contra el sarampión en México se aplica junto con la rubéola, otra enfermedad exantemática de alta viralidad. De acuerdo con la Cartilla Nacional de Salud, se deben aplicar dos dosis: la primera al cumplir 12 meses de vida y el refuerzo a los 18 meses.
Las autoridades están pidiendo que cualquier persona que no esté segura de sus dosis acuda por su refuerzo sin importar la edad, priorizando a quienes viven en zonas de brote activo (como Jalisco o Chihuahua). El esquema para adultos generalmente consiste en:
- Dos dosis con cuatro semanas de separación si nunca se ha vacunado o no se tiene evidencia.
- Una dosis única en caso de esquema incompleto.
Es inverosímil seguir intentando erradicar una enfermedad que data en la historia desde la Edad Media y que desde 1963, es prevenible con una simple vacuna. Honremos a la gente que ha perdido la vida a lo largo de la historia y que hoy nosotros podemos evitar en la gran mayoría de los casos con una simple inyección.
Consultar con un médico y verificar que tengamos completo el esquema de vacunación son pasos sencillos que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Dr. Maximiliano Téllez-Girón