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Si por algo habrá de recordarse la reunión del Foro Económico Mundial 2026 recién terminado en Davos, es por el discurso certero y mesurado de Mark Carney, primer ministro de Canadá. Inevitablemente también, por la reacción a ese discurso por parte del presidente Donald Trump: sin mencionar su nombre, era su destinatario evidente.

El sesentón economista y líder del Partido Liberal de centroizquierda centró su discurso en la fractura del orden mundial, con un creciente predominio en él del uso del comercio como arma política para obtener la subordinación. Mencionando a Tucídides, señaló el aforismo de que este mundo se basa en que el fuerte hace lo que quiere y el débil tiene que hacer lo que debe. Rechazando el concepto, el canadiense aboga por un nuevo orden.

Ese nuevo orden debe contar con la activa participación de las potencias medias, como Canadá. Como México. Intermediate, middle powers, les llamó. Un concepto poco mencionado en un mundo que ya se acostumbró a que las grandes potencias se dividan el pastel global.

La reacción de Donald Trump era de esperarse. Se puso el saco que fue hecho a su medida y acusó a Canadá y a los canadienses de desagradecidos, puesto que deben su existencia a los Estados Unidos. También había dicho lo mismo de los daneses, quienes, según su visión de la historia, deben su liberación de los nazis en la Segunda Guerra Mundial exclusivamente a los Estados Unidos.

Nada sorpresivo.

Como tampoco lo fue la reacción de la señora presidenta con A de patria, al duelo verbal Trump-Carney. Dijo la señora Sheinbaum que ella no lo consideraba una confrontación que ponga en riesgo la relación entre los dos países. Precisamente cuando se ha comenzado la revisión del T-MEC, antes conocido como el NAFTA, que se encuentra en grave peligro de extinción.

Nada sorpresivo.

Del fardo enorme que la señora presidenta ha recibido de herencia, junto con el cargo que ostenta, está una política exterior ratonera, temerosa, pudibunda, carente de audacia, maleable, que voluntariamente renuncia a su derecho de voz firme en las relaciones internacionales: una política que esquiva los ataques verbales, calificándolos como una forma peculiar de comunicar del presidente de los Estados Unidos, y negándose a reconocer que cada vez más la soberanía del país está siendo amenazada.

Verbalmente, por ahora.

La propuesta esbozada por Carney es digna de consideración. Él propone un mundo nuevo, con la participación de esas muchas potencias medias —como Canadá y México— para enfrentar el poder de la fuerza y la rivalidad de las grandes potencias, en busca de un mundo más resiliente, de cooperación, respetando los derechos humanos y las soberanías.

¿Alguien está en contra?

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): La cifra de los muertos en el descarrilamiento y choque de trenes de alta velocidad en Andalucía ha quedado cerrada en 45, con centenares de heridos. La cifra de los muertos en el descarrilamiento del tren transístmico en México quedó en 14.

Cinco días después de la tragedia española ya hay un dictamen y una investigación: hay indicios de defectos en la fabricación del segmento de riel que se fracturó provocando el accidente. Hay una docena de demandas penales en contra de los responsables.

A la fecha, en México no hay dictamen sobre las causas de 14 muertes. De investigación de responsables, o de demandas penales, ni hablar. ¿Cómo que por qué se habría de investigar al hijo de Andrés Manuel López Obrador? Eso preguntó doña Claudia el otro día. ¿Nada más porque supervisó la obra?