Cuando en las conclusiones dos partes repiten la misma canción, es que no hay concordancia. Como dirían en mi pueblo, cada quién en su mula
Todos los que hemos estado por algunos años en esto de las noticias, tenemos muy claro que las conversaciones de alto nivel entre los jefes de Estado son mera faramalla para la foto y el comunicado conjunto a los medios.
La verdadera consecuencia de esos encuentros se negoció mucho antes por los equipos ocultos, hábiles y enterados. A los jefes les toca solamente una anodina conferencia de prensa, y luego leer las interpretaciones.
El asunto es peor cuando la conversa es telefónica; especialmente cuando es breve y frecuente. Breves y frecuentes han sido las 16 conversaciones en doce meses entre la señora presidenta con A de patria, y el presidente de los Estados Unidos. Lo que sabemos es que en esos diálogos hay algunas constantes.
De parte del señor Trump, es el elogio a lo agradable que es la presidenta de México, a la que admira y respeta mucho, pero de la que insiste es incapaz de gobernar su país, frente al poder del narcotráfico, que en cada conversación le ofrece apoyo militar para acabar con él. Me recuerda al papá de Andy, que cuando iba a dar un chingadazo comenzaba con las palabras “con todo respeto”.
De aquí para allá, doña Claudia permanentemente repite que las conversaciones han sido positivas y que siempre ha predominado su postura de colaboración, diálogo, entendimiento, coordinación y, singularmente, el respeto a las soberanías nacionales.
Cuando en las conclusiones dos partes repiten la misma canción, es que no hay concordancia. Como dirían en mi pueblo, cada quién en su mula.
Releyendo, es un diálogo de sordos.
Lo más importante es que ambos creen que los que lo leemos somos ciegos. Tengo la impresión de que los asesores de la señora presidenta están apostando a que Donald Trump tiene demasiadas fogatas encendidas para tratar de apagar la nuestra. ¿Qué tan importante es dar un golpe militar a los narcos mexicanos, frente a comprar Groenlandia, venderle a Putin la paz en Ucrania, y otras ofertas en el Medio Oriente?
Solo Donald Trump lo sabe. La señora presidenta con A de patria ya se enterará. Tal vez.
PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Yo no soy de los ruines a quienes la desgracia ajena —la de los del otro cachete— cause contento.
Pese a ello, no pude evitar esbozar una sonrisa cuando me enteré que Samuel García estaba preso por pillo, traidor, mentiroso y otras causas.
Me equivoqué; no se referían al gobernador de Nuevo León. Era otro Samuel García, pueque peor criminal. Había sido jefe de comunicación social del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, asesinado en la fiesta de las velas del 1 de noviembre pasado.
Asesinado, entre otras cosas, gracias a los datos confidenciales de la agenda de itinerarios de la víctima, proporcionados por este otro Samuelito.
Ni modo.
Otra vez será.
