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Igual que Andrés Manuel López Obrador, la presidenta de Honduras no sabe perder:

Arguyendo “irregularidades” en los comicios del 30 de noviembre, en los que ganó el conservador Nasry Asfura, Xiomara Castro decretó que el Consejo Nacional Electoral vuelva a contar voto por voto.

De inmediato esa instancia y el jefe del ejército hondureño advirtieron que tal instrucción contraviene la Constitución de su país, porque la elección ya fue validada y calificada.

A 14 días de ser relevada, su absurda orden refleja lo que algunos gobiernos latinoamericanos “progres” o “de izquierda” llaman “defensa de la democracia”, cuando lo cierto es que se aferran al poder a toda costa, como se vio con los intentos de virtuales golpes de Estado de Evo Morales en Bolivia y Pedro Castillo en Perú, o en represores como el del mamarracho Nicolás Maduro en Venezuela, Miguel Díaz-Canel en Cuba o Daniel Ortega en Nicaragua.

El de Xiomara no es un exabrupto aislado: exhibe el extravío jurídico y diplomático que caracteriza al club menguante de gobiernos con los que se identifica el obradorato.

Xiomara visitó a la presidenta Sheinbaum el 25 de noviembre, a cinco días de los comicios en su país.

La mexicana declaró entonces que la hondureña vino para agradecer “el apoyo que le ha dado México durante su gobierno” con los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro. Informó que se mostró agradecida por los convenios firmados entre sus gobiernos con Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, y de las inminentes elecciones indicó que a la visitante le interesaba mucho hacerle saber lo “muy importante” de que se respetara la voluntad del pueblo hondureño, y que no hubiera injerencismo como el de Donald Trump, quien apoyó al derechoso Asfura, del Partido Nacional.

Que un gobierno saliente trate de anular el resultado declarado por sus autoridades electorales constitucionales no sería noticia en una república bananera, pero sí en el caso de Honduras cuando se le quiere encarrilar en el camino de la democracia.

Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación, es una “camarada” del oficialismo mexicano.

Sin sonrojarse, culpa a Trump de la derrota de su candidata Rixi Moncada, quien quedó en tercer lugar con un triste 19.16 por ciento de la votación.

Xiomara sueña con que Trump acepte discutir con ella lo del recuento electoral.

Sí, Chucha.

El riesgo para México y su política exterior no es menor.

Persistir en una retórica de “hermandad ideológica” con gobiernos que desprecian las reglas elementales de la democracia coloca al país en una soledad cada vez más acentuada.

Si el obradorato anhela un legado perdurable, deberá entender que lo diplomático no se reduce a defender causas autoproclamadas “de izquierda”, sino a sostener las reglas republicanas como principio y no como retórica de ocasión, porque lo que quedará no será un escudo para la soberanía, sino un vergonzoso capítulo en la defensa de causas tan deplorables como perdidas…