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Cada fin de año hago el mismo ejercicio: escoger los personajes y los hechos que, más allá de simpatías, marcaron la conversación pública, reordenaron prioridades y dejaron heridas o aprendizajes que se arrastrarán al siguiente ciclo. El 2025 fue un año donde la política se volvió más internacional por la sombra de Estados Unidos, más tecnológica por la normalización de la Inteligencia Artificial, y más áspera por la mezcla de calle, incertidumbre institucional y economía sin euforia.

El hilo común fue la disputa por el control del relato. En varios momentos, el gobierno dejó de ser el único protagonista y el antagonista se volvió noticia por sí mismo: empresarios, movimientos emergentes, liderazgos de protesta o figuras mediáticas que “sustituyen” el tema presidencial en la conversación diaria. Cuando eso ocurre, el poder se mide menos por decretos y más por atención: quién logra imponer el marco, el villano y la solución. Ese fue, quizá, el verdadero pulso del año.

Lo presento como conteo regresivo, porque así se entiende mejor: de lo simbólico a lo estructural.

13) León XIV. La muerte de un papa y elección de uno nuevo no es un dato externo para México: es un símbolo que activa identidades, valores y discusiones morales. En tiempos de polarización, esos referentes funcionan como “puentes” para unos y como “banderas” para otros.

12) Carlos Manzo y el movimiento del Sombrero. 2025 confirmó que la política formal ya no monopoliza el liderazgo. Surgen movimientos con narrativa propia, códigos simples y capacidad de crecer por identificación emocional. A veces no nacen como proyecto de poder, pero se convierten en marca: pertenencia, lenguaje y comunidad.

11) Marchas, bloqueos y “bloque negro”. La protesta fue el idioma recurrente del año. Pero cuando aparece el bloque negro, el debate se desplaza de la demanda al orden público. Ese giro suele beneficiar a quien logra imponer el relato, o a quien se posicione como víctima de la represión; pero el caso es que ese bloque dispersa la protesta.

10) “La Barredora”. En México, ciertos grupos criminales se vuelven “personajes” porque operan como actor político indirecto: influyen en economía local, vida cotidiana y labor del Estado. Su sola mención funciona como sinónimo de control territorial y de corrupción.

9) Capos mexicanos en EU. En el año, la exigencia del país vecino para que enviáramos capos de la delincuencia encarcelados en México se volvió no solo un tema de seguridad, sino de política, la información que podrían aportar, su carácter como testigos protegidos, todas esas especulaciones afectaron la agenda en México.

8) Teuchitlán, Jal. Hay lugares que se convierten en símbolo. Teuchitlán entró al año como referencia nacional por lo que representa y por lo que obliga a debatir: capacidad del Estado, búsqueda de verdad, y dolor social que no cabe en la etiqueta de “nota roja”.

7) Huachicol fiscal. “Huachicol” dejó de ser sinónimo de toma clandestina y se convirtió en contrabando, evasión, corrupción, complicidades y otras. Cuando el tema entra por la puerta fiscal, entra también por la puerta política: Costos para el país, desfalco y esperanza de castigos ejemplares.

6) Economía en lento crecimiento. La economía se sintió como caminata larga: sin derrumbe, pero sin entusiasmo. En esos escenarios, la expectativa suele ser pesimista y requiere a un Estado motivador, impulsor, que evite el desgaste que termina afectando a los más desfavorecidos.

5)Inteligencia Artificial. Lo que en 2023–2024 era novedad, en 2025 se volvió infraestructura cultural. Ya no es tema de especialistas: está en el trabajo, la escuela y la propaganda. El debate pasó de “qué es” a “quién la controla”, “para qué se usa” y “cómo altera empleos y opinión”.

4) Salinas Pliego. Hay personajes que operan como imán narrativo: atraen debate, polarizan, sustituyen temas y desplazan protagonistas. En 2025, su figura concentró conversación por su capacidad de confrontar, marcar agenda y simbolizar bandos opuestos; para la 4T se volvió el enemigo perfecto, el papel que en su momento tuvieron Calderón, García Luna o Claudio X. González, quienes hoy ya no funcionan igual como su némesis.

3) Nuevo Poder Judicial y “acordeones”. El año dejó la sensación de tablero nuevo: reglas distintas e incentivos inciertos. Una elección de miembros del Poder Judicial que ante la confusión generó la aparición de “acordeones” que sintetizan el momento: El punto de partida de este nuevo poder no fue nada positivo, da la impresión de estar capturado y solo su actuación dará fe de su autonomía o su supeditación.

2) Trump. Trump fue, otra vez, un evento en sí mismo. No solo por lo que diga, sino por cómo obliga a México a mirarse en un espejo incómodo: migración, aranceles, seguridad, ideología y negociación bajo presión. Su presencia reordena la agenda mexicana y pone en receso inversiones, sin duda no podemos dejar de destacar su presencia.

1) Claudia Sheinbaum. La presidenta fue el personaje del año porque es el centro del nuevo ciclo: define prioridades, absorbe costos y también marca la posibilidad de estabilidad. El primer año real de un gobierno no es el de la ceremonia, sino el de la prueba: si logra ordenar la agenda o si la agenda lo ordena a él. En 2025, Sheinbaum fue referencia obligada incluso cuando el debate intentó girar hacia otros personajes.

Como siempre, faltan nombres y sobran interpretaciones. Pero si algo dejó 2025 es esto: la política ya no se juega solo en Palacio; se juega en la frontera, en la calle, en los tribunales, en la economía cotidiana y, cada vez más, en la disputa por el relato.