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La revuelta por los precios del maíz es un buen ejemplo de cómo políticas erráticas y quimeras ideológicas hacen imposible la solución de un problema.

En realidad, lo crean.

México tiene prohibida la siembra de maíz transgénico porque se le juzga una amenaza a la existencia misma del mundo del maíz.

De maíz transgénico son, sin embargo, las crecientes importaciones que México hace de Estados Unidos, donde se prefiere el maíz transgénico, entre otras cosas, porque ofrece rendimientos más altos por cosecha que el maíz tradicional.

Como el maíz transgénico gringo se siembra en grandes extensiones y tiene además diversos subsidios, resulta mucho más barato a la hora de la venta que el maíz no transgénico producido en México.

El precio del maíz importado de Estados Unidos es como de 4 mil 800 pesos la tonelada, y ese es el precio que ofrecen a los productores mexicanos las empresas procesadoras industriales del maíz.

Como es un precio que ahoga la siembra del maíz no transgénico en México, más caro de sembrar por su menor rendimiento, el gobierno estableció un precio de garantía fuera de mercado, de poco más de 6 mil pesos, pero los productores quieren 7 mil 200 pesos.

El gobierno tiene estragadas sus finanzas públicas y no puede pagar los precios que ofreció, no digamos el precio que le piden los productores. Decide entonces ahogar a los productores en vez de ahogarse él.

Los gobiernos estatales ponen un poco de dinero para dar la pala de estar atentos, pero tampoco quieren ahogarse con subsidios al maíz.

¿Quién creó el problema? Una política del maíz contraria a la productividad, la innovación tecnológica y los precios del mercado, impuesta por un Estado que no puede dar los subsidios que sus decisiones contra el mercado necesitan.

Resultado: una revuelta, que se contuvo hasta ahora con parches que no tocan el fondo del problema. La política del maíz tiene contra la pared a los productores mexicanos, pero abre una puerta cada vez más grande a los maiceros estadunidenses, quienes nos venden 22 millones de toneladas (5 mil 600 millones de dólares) del maíz transgénico que está prohibido sembrar en México.

Así son las cosas en el páis del máiz.