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López Obrador es el único líder castrochavista feliz: Kirchner procesada por corrupta, Castillo por ladrón; Maduro acorralado; Evo, buscado por abuso sexual, y Correa por soborno. Pero él conserva el poder, y sus hijos, hermanos y amigos nadan en lana.

La vida sonríe al expresidente y al populismo mexicano, cuando el resto de presidentes y expresidentes de la región están en desgracia, y el populismo latinoamericano va de salida tras 25 años de pobreza y corrupción.

Hasta su sucesora en la presidencia se refiere a él como “el presidente” y, el 30 de octubre, presentó una encuesta hecha por su propio gobierno según la cual “el presidente tiene 80 % de aprobación actualmente”.

Más aún: López Obrador y su populismo llegaron al poder justo cuando, en el resto de la región, los otros líderes habían sido descubiertos como rufianes, y los electores habían aprendido que el populismo es un engaño que hunde a los países en la miseria.

La lista es larga:

En Argentina, Cristina Kirchner fue condenada en 2022 por favorecer a un empresario con contratos durante sus mandatos (2007-2015) y, en junio pasado, la Corte ratificó su condena de seis años de prisión e inhabilitación de por vida para ocupar cargos públicos.

En Ecuador, el expresidente Rafael Correa fue sentenciado a ocho años de prisión por sobornos en contratos públicos entre 2012 y 2016, además de una inhabilitación de 25 años para ejercer cargos. Correa anda a salto de mata entre Bélgica y México.

En Bolivia, Evo Morales enfrenta una acusación formal por trata agravada de mujeres, relacionada con un presunto hijo que engendró con una menor de edad, durante su gobierno, y un juez ha ordenado su detención.

En Perú, Pedro Castillo es juzgado por rebelión, tráfico de influencias y red criminal, además de otros delitos que apuntan a subvertir el orden constitucional, así como de crear una organización criminal para ganar licitaciones de manera fraudulenta.

En Venezuela, Nicolás Maduro es acusado por EU de conspiración con grupos armados y corrupción masiva como capo del Cártel de los Soles. La justicia argentina también emitió pedido de captura internacional por delitos de lesa humanidad.

En Nicaragua, Daniel Ortega gobierna con su esposa como vicepresidenta y enfrenta sanciones por violaciones graves a los derechos humanos, represión de la Iglesia católica y encarcelamiento de opositores: un régimen familiar y policial.

En cambio, López Obrador vive en México sobre un teflón político impenetrable por presunto lavado de dinero de su jefe de oficina en la Presidencia, el huachicol de sus vicealmirantes de la Marina y la señalada corrupción de su secretario de Gobernación.

Sí: puede mirarse al espejo y decir, sin rubor, que la historia lo ha tratado con guantes de seda.