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Hace casi 20 años, a la 1:30 de la mañana del miércoles 6 de septiembre de 2006, una veintena de encapuchados arrojó en la pista de baile del antro Sol y Sombra de Uruapan cinco cabezas humanas y una cartulina con el texto: “La familia no mata por paga. No mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir, sépalo toda la gente, esto es justicia divina…”.

Con aquellas Michoacán llevaba ese año 13 decapitaciones a manos de la naciente Familia Michoacana (escisión de las bandas Del Golfo y Los Valencia).

Confirmada su victoria sobre López Obrador, a Felipe Calderón (quien recibió de las fuerzas armadas y las corporaciones federales civiles un diagnóstico del panorama delictivo del país) se le acercó el entonces gobernador (2002-2008), Lázaro Cárdenas Batel, para solicitarle el apoyo que Vicente Fox le había negado.

A diez días de asumir la Presidencia, Calderón ordenó se planeara la Operación Conjunta Michoacán, conocida luego como “la guerra de Calderón”.

El anuncio oficial corrió a cargo del titular de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, informando del despliegue de cuatro mil 260 elementos, 17 aeronaves de ala fija, 29 de ala rotativa, 19 binomios caninos y 246 vehículos terrestres en el estado. El almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza envió 54 infantes de Marina, siete helicópteros MI-17, dos Bolco, dos aviones de patrulla con cámaras de visión nocturna y una patrulla oceánica con helicóptero. Y el secretario de Seguridad, Genaro García Luna, aportó algo más de siete mil policías federales, transporte y equipo como punta de lanza de las operaciones.

A partir de 2018, Lázaro Cárdenas Batel fue jefe de asesores de López Obrador y hoy es el secretario de la Presidencia de Claudia Sheinbaum.

El recordatorio viene a colación por las deplorables declaraciones, ayer, de la Presidenta sobre el asesinato del excepcional presidente municipal de Uruapan (la cuarta demarcación más peligrosa de México y principal productora del aguacate que permite el ingreso anual a México de casi 40 mil millones de dólares), Carlos Alberto Manzo Rodríguez, El del sombrero.

Sorprendida por la lógica atención provocada por el homicidio de tan ejemplar alcalde, la mandataria ofende y yerra en su diagnóstico:

“No podemos dejar de mencionar esta andanada de la derecha de algunos comentócratas y conductores o dueños, concesionarios más bien. En ningún momento escuché una condolencia a la familia. Como buitres. ¿Qué proponen? ¿La guerra contra el narco? ¿Que regrese García Luna? ¿Qué proponen? ¿La intervención…?”.

Y recordó que “fueron seis años de Calderón, seis años de Peña, y apenas cambió la estrategia”.

¿Y la de casi seis años de su predecesor?

Pero no. La culpa debe ser de Calderón.

¿Por qué no de la delincuencia organizada, de Lázaro por su petición de auxilio, o de Peña, pero sobre todo del irresponsable que se la pasaba prodigando abrazos a los criminales…?