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Nada tan previsible como las temporadas de desastres naturales en México. Sin falta llegan cada año, bajo la forma de sequías y de incendios, y de ciclones, lluvias, inundaciones.

Tan pueden preverse, tan se sabe que vienen cada año, que México lleva décadas creando sistemas gubernamentales de previsión y atención de desastres, el mejor de los cuales llegó a ser el Fondo Nacional de Emergencias Naturales, el Fonden, creado en el gobierno de Fox y expandido en los de Calderón y Peña Nieto.

Había ese fondo y había en el gobierno esa especialidad, mejorada cada año, de prever y atender riesgos naturales, atender contingencias, auxiliar damnificados y reparar los daños.

El gobierno de López Obrador desapareció el Fonden diciendo que era fuente de corrupción. Dejó nada en su lugar, o sólo el dicho de que siempre habría dinero para desastres.

El dinero del Fonden se había venido subejerciendo desde antes. Nos recuerda María Scherer (@scherermar): “La inversión para prevenir inundaciones disminuyó de 45 mil millones de pesos en el sexenio de Peña Nieto a 25 mil millones en el de López Obrador, una baja de 44%. En el actual gobierno sólo se ejercieron 16.7 millones de enero a junio de 2025” (I Informe de gobierno).

Las lluvias torrenciales y las inundaciones que han destruido 100 mil viviendas en cinco estados durante tres días de octubre fueron cualquier cosa menos imprevisibles. Su evolución y sus riesgos se advirtieron puntualmente, día con día y hasta hora con hora.

El gran desastre de Poza Rica por el desbordamiento del río Cazones fue incluso descrito en el Atlas de Riesgos de Poza Rica de 2023, divulgado en junio.

“El Atlas pintó Poza Rica entera de rojo”, escribe Héctor de Mauleón. “Advirtió la probabilidad de que un desastre de esta naturaleza ocurriera en el municipio en ciclos de retorno de 2, 10 y 50 años”.

“Va a ocurrir”, dijo el Atlas. Y ocurrió.

El mismo Atlas dijo lo que había que hacer para contener el río Cazones: había que poner un muro en su margen derecha. No lo pusieron.

Cuando el río Cazones reventó, dice De Mauleón, los vecinos “tuvieron sólo 10 minutos para echarse a correr”.

Lo que se llama previsión de desastres.