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La 4T no quiere escuchar más de Segalmex. La presidenta lo enfatizó antier: “Segalmex desapareció. No existe más. Segalmex se extinguió”. Sólo que, en Segalmex, se registró el mayor desfalco de la historia en México. ¿También extinguió el desfalco?

Fueron 20 mil millones de pesos desaparecidos en Segalmex, durante el mandato de López Obrador. Y, salvo algún pobre diablo, permanecen impunes los autores del caso emblemático de la corrupción en la 4T. Así, el robo del siglo al erario fue sepultado.

El director era Ignacio Ovalle, de quien López Obrador dijo que “es buena gente y lo engañaron”. Sobre el fraude, López Obrador consideró que “fue mala suerte”. El castigo de Sheinbaum a Ovalle fue no darle un cargo. Ya para que, si tiene 80 años.

–Presidenta ¿se perfila algún puesto para Nacho Ovalle? Le preguntaron a Sheinbaum en Campeche.

–No.

Y punto. A otra cosa. Así como “Segalmex desapareció, no existe más, Segalmex se extinguió”, igual Ovalle desapareció, no existe más, se extinguió. Ovalle está en casita tomando chocolate, como monumento vivo de la corrupción en la 4T.

Junto a Ovalle, Javier Duarte es un niño de teta. Sólo que a Javier Duarte le metió preso su amigo Enrique Peña. De hecho, Peña metió a la cárcel a seis gobernadores, todos amigos suyos, y ninguno fue acusado de robar más de lo que robaron en Segalmex.

En cambio, el obradorismo no encarceló a ninguno de los suyos: Ovalle está en casita tomando chocolate, Cuauhtémoc Blanco es un señor diputado y Francisco Garduño sigue siendo director de Migración, aunque bajo su conducción murieron quemados 40 migrantes.

Segalmex se llama ahora Alimentación para el Bienestar, que venderá productos de la canasta básica  en las Tiendas para Generar Felicidad. “Bienestar”, “Felicidad”: sólo les falta agregar que los pajaritos cantan y la luna se levanta. Un cuento de hadas.

Detrás de su lenguaje de nanas, hay un boquete para desfalcos como en Segalmex, porque las tienditas felices comprarán sus productos a las cooperativas campesinas del país, sin fiscalización alguna. Porque a las cooperativas no les puede fiscalizar.

La turbiedad empieza por tratarse de tienditas ubicados en sitios recónditos, donde será casi imposible inspeccionar en cuánto y qué compra realmente el gobierno: un cómodo desorden para reeditar la corrupción generada en Segalmex.

Todo parece un nuevo entramado para dinero muy difícil de fiscalizar. Igual que en Segalmex, en cuyo cambio de nombre se esfumaron 20 mil millones, como se esfumaron 11 mil millones en el cambio de Insabi por IMSS-Bienestar.

Es decir, con sus jueguitos de cambio de nombre se llevaron entre las patas más de 30 mil millones de pesos.

Un dineral que ya no hay a quién reclamarle.