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Es muy comprensible la abundancia de opiniones de reconocimiento, e incluso alabanza, al talento político de la señora Presidente Sheinbaum luego de lograr una pausa a las leoninas tarifas arancelarias que Donald Trump ordenó ejercer sobre nuestras exportaciones a los Estados Unidos. El tono de estos elogios se entiende dado el pavor que la amenaza gringa nos invadió.

Muy bien. Tenemos un mes de gracia, durante el cual altos funcionarios de los dos países discutirán en busca de un “acuerdo”, como le llamó Trump al informar. Puede ser que el plazo se extienda, uno, dos meses más. En realidad, el loco de la Casa Blanca no quiere imponer los aranceles. Lo que quiere es adelantar el T-MEC, el tratado de libre comercio de los tres países norteamericanos que debe revisarse y modificarse el año próximo.

La táctica mediática de Trump es muy clara. Es como perder de vista los árboles porque nos distrae el bosque. Trump dispara muchos globos a la vez y no hay quien pueda reaccionar a cada uno de ellos. Entre las menos advertidas de sus intenciones anunciadas es revisar y redactar cuanto antes el T-MEC. Y, si se puede, con la complicidad de la derecha canadiense que está a punto de tomar el poder en lugar de la dinastía Trudeau, dejar fuera a México.

El cielo está encapotado y debemos estar preparados para un aguacero más potente que la amenaza de aranceles del pelipintado.

Carlos Salinas de Gortari es el villano favorito de la película política mexicana de nuestro tiempo. Él fue el instrumentador del NAFTA, que se anunció en el palacio de gobierno de Nuevo León hace más de treinta años, y del T-MEC que el mismo Trump aprobó en su primer período. La columna vertebral de ambos documentos es la eliminación de las barreras al comercio entre los tres países. En dos palabras, no aranceles.

Cualquier renegociación de ese importantísimo documento contendrá barreras al libre comercio. México necesita estar preparado para esto. No solamente consumiendo lo que producimos, como invita el Plan México, sino vender nuestro producto a otros mercados. Las iniciales BRICS (sigla del grupo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) suena insistentemente. Si con Trump todo es posible, ¿por qué no con Sheinbaum también?

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no me dejan entrar sin tapabocas): El señor Elon Musk, ese que el gobernador de Nuevo León dice que es su compadre, ha tomado una notoriedad descomunal a raíz de su cercanía con el Presidente Trump, al grado de que emprende acciones ejecutivas que corresponden al secretario de Estado, Marco Rubio, como la desaparición de un plumazo de la agencia USAid, creada para ayuda a diferentes países a fin de aliviar las consecuencias del hambre, la insalubridad y otros males, sin excluir la corrupción. Esa agencia ha apoyado por años los movimientos tendientes a la democracia -dentro y fuera de los gobiernos- incluyendo México.

Desde luego que el ricachón sudafricano ya no se acuerda de la inversión de mil quinientos millones de dólares que iba a invertir en una fabricota de autos eléctricos en Nuevo León y que su compadre Samuel el mentiroso presumía el año pasado. El gobernador llegó a prometer que el mero día 20 de enero, el de la toma de posesión de Trump, Musk revelaría la fecha de trabajos en su proyecto.

Ya pasaron algunos días de la ceremonia en Washington. De la planta Tesla en Nuevo León no hay noticias. No tiene la culpa Samuelito sino el que lo hace compadre.

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