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Si algo quedó claro en la sesión del viernes pasado, donde el INE obsequió al gobierno un 20% de sobrerrepresentación y la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, es que el obsequio no era indiscutible según la Constitución.

Cuatro de once consejeros votaron en contra, con argumentos distintos, a mi juicio mejores, que la repetitiva y pobre lectura del texto constitucional hecha por la mayoría.

Subrayo la lectura de la consejera Claudia Zavala, quien, sin salirse del texto constitucional, precisó que el 8% de sobrerrepresentación debía aplicarse sólo a la votación respectiva de cada partido.

Demostró así, aritméticamente, que el dictamen de la mayoría del INE regalaba millones de votos a cada partido de la coalición oficialista, votos que no se emitieron.

Contra lo que dijo el gobierno y repitió la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, el obsequio de esta mayoría no era asunto de obvio cumplimiento, cosa de sólo “cumplir la Constitución”.

Acabó siendo un asunto de obvia política: la obvia captura de la mayoría del INE por el gobierno.

Desde el día siguiente de la elección fueron claras las instrucciones del gobierno para el INE en materia de sobrerrepresentación.

Lo que votó el viernes pasado la mayoría del INE es prácticamente lo mismo que la secretaria de Gobernación dijo, invadiendo funciones, que sería la asignación de curules en la Cámara de Diputados: 374 asientos para la coalición oficialista de 500.

Quedó claro también que hubo presiones bajo la mesa conforme se acercaba el día de la definición. La naturaleza de esas presiones fue clara cuando el energúmeno representante de Morena en el INE reclamó al consejero Martín Faz que hubiera cambiado su criterio de una votación de 2021 para votar ahora, en 2024, en contra de la mayoría. Lo amenazó ahí mismo con sujetarlo a un juicio político.

Preciso síntoma de los tiempos que vienen.

La mayoría del INE votó el viernes contra la democracia, a favor de regresarse a ser una oficina de la Secretaría de Gobernación.

Servidumbre voluntaria: se pusieron las cadenas que ellos mismos podían evitar.