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Habrá que reconocer que en los momentos duros, el presidente Peña Nieto no trató de resolver las crisis con rupturas emocionales. Y que no ha sido un manojo de comportamientos erráticos. Y que sabe aguantar vara. De ahí a presentar los últimos 365 días como una cadena de aciertos, vaya si hay diferencia. Algunos esperábamos un discurso de Estado. El Tercer Informe fue, más bien, un fastidioso tejido de cuentas. Con un llamativo epílogo de competencia electoral.

Ayer parecía que en el Enrique Peña Nieto de septiembre de 2015 es fuerte el deseo de ser festejado. Quizá el Presidente necesitaba, quería un aplauso. Se lo organizó, sirvió, comió y paladeó.

Algunos esperábamos una autocrítica. Algo perfiló el Presidente al inicio, cuando pasó rápida lista de los hechos que “molestaron, indignaron y lastimaron el ánimo de los mexicanos”. Pero rápidamente se fugó a 2012 para recordar lo conflictiva que era la política, la parálisis legislativa, los “obstáculos que impedían el desarrollo”. Y enfiló al autoelogio, acaso manchado por esos acontecimientos y situaciones marcados por la tiranía de la contingencia, nunca por la mala operación de su gobierno.

Larga autocelebración: México en paz, todo mejora; México incluyente, todo camina; México con educación de calidad, todo toma el cauce diseñado; México con responsabilidad global, todo impecable; México próspero, de qué nos preocupamos si las cosas se hacen con responsabilidad en un país en el que “se puede confiar, invertir y creer”. En ese sentido, el Informe 2015 fue un remake del triunfal Informe de 2014, el de los días soleados.

Vino entonces un segundo decálogo en menos de un año, mezcla de anuncios aparatosos (inglés en las escuelas, una Secretaría de Cultura) con otros que uno suponía estaban en marcha: apoyo a las regiones rezagadas, renovación de la desmedrada infraestructura educativa, austeridad presupuestal…)

El Presidente cerró con una arenga que marca el discurso oficial rumbo a 2018. Nítidamente. El enemigo es la “amenaza del populismo”, la cultura que “fomenta el odio y ofrece salidas mágicas”. Frente a ello, escribió las frases de campaña para encarar a López Obrador: avanzar sin dividir, transformar sin destruir, cambio con rumbo y no con saltos al vacío, México va en la ruta adecuada y será una nación estupenda cuando amaine la tormenta.

Esa es la oferta para las horas bajas de un Presidente que se despidió vitoreado, jubiloso, como esos personajes a los que les gusta pensar que al final de cada historia comienza una que puede ser mucho mejor.

Hasta la vista Ayotzinapa, Casa Blanca, devaluación. Ahora vamos por usted, señor López Obrador.

MENOS DE 140. Carmen Aristegui regresará a mediados de mes con su programa matutino. Tres horas de lunes a viernes. Bienvenida.

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