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Y de pronto el candidato viejo y estragado es Trump, y su contrincante resulta un perfecto símbolo político, poético y moral: una mujer negra experta en procesar delincuentes, Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, ex fiscal de California.

“Antes de ser vicepresidenta y senadora fui fiscal de California”, dijo Kamala. “Detenía y procesaba depredadores, defraudadores y mentirosos. Conozco bien el tipo de Trump”.

Los días transcurridos desde la declinación de Biden han sido buenos para Kamala, una cascada de aceptaciones, alineamientos y envío de dinero de donantes menores, que en un día le aportaron 51 millones de dólares, récord histórico en la materia.

La nota de The New York Times que reconstruye con fuentes indirectas el fin de semana de Kamala es el retrato de una política en pleno movimiento, llamando por teléfono a todo el que tenía que llamar, en jornadas de 10 horas de intercambios.

Llamó, entre otros, a Eric Holder Jr., el procurador de Obama, para pedirle que pusiera bajo escrutinio las debilidades, el llamado vetting en Estados Unidos, de quienes ya estaba pensando que podrían ser sus compañeros de fórmula en la vicepresidencia.

Durante esas horas frenéticas no hizo sino recibir la adhesión o la promesa de no interferir de casi todos los gobernadores demócratas que se habían mencionado como posibles aspirantes a entrar a una primaria frente a Harris.

Luego vinieron las aportaciones de pequeños votantes y luego las de los grandes, que ampliaron considerablemente el dinero que habían puesto en Biden. Entre donantes menores y mayores, Kamala tiene algo así como 350 millones de dólares para su campaña.

Luego vino la noticia de que los delegados demócratas que se habían comprometido con Biden, y algunos más, apoyarían a Kamala.

Finalmente, las encuestas. Puesta cara a cara con Trump, en la encuesta citada por el Times, Kamala Harris está un punto mejor que Biden, solo dos puntos debajo de Trump (46-48), pero está muy arriba en el momentum político.

Anne Applebaum escribió en The Atlantic las palabras con que empieza esta columna. Ahora el viejo derrengado parece Trump y Kamala, su fiscal.

Too good to be true, diría Winston Churchill.

Eppur si muove, respondería Galileo.