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Hace ocho días el presidente López Obrador dijo que platicaría con su sucesora Claudia Sheinbaum el funesto plan C  porque “para ver esas iniciativas y otras cosas” debían hacerlo “de manera conjunta”.

Y remató con lo que parecía un lógico, sensato y sincero compromiso:

“No quiero yo imponer nada…”.

Todo indica que mintió:

Pese a los calambres financieros que generó el triunfo aplastante de sus candidatos a diputados y senadores, el viernes dejó claro que antes de irse quiere imponerle a Sheinbaum, cuando menos, otro Poder Judicial.

Convencido de que “la justicia está por encima de los mercados”, le tiene sin cuidado legarle una bomba económica que hace recordar la que López Portillo le dejó a De la Madrid con la descocada nacionalización de la banca en su último informe.

No le importa el grave riesgo de inhibir las inversiones y espantar los capitales que entraña la pretendida elección popular de jueces, magistrados y ministros. Tampoco las señales tranquilizadoras que han dado Sheinbaum, el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, y el hombre clave de la virtual presidenta electa, Juan Ramón de la Fuente.

Al menos hasta el viernes, Claudia pensaba y decía sobre el plan C:

“Todavía no está definido. Mi posición es que tiene que abrirse un diálogo, tiene que evaluarse la propuesta y en su momento, pues aprobarse, pero tiene que explicarse bien, que la conozca el pueblo de México y que pueda abrirse como normalmente se hace a través de parlamento abierto…”.

Salió así al paso del nerviosismo (segundo en la semana) en los mercados y la depreciación del peso provocados por el coordinador de Morena en San Lázaro (y próximo senador) Ignacio Mier con su frotada de manos para palomear cuanto antes las iniciativas de AMLO y quien, al reparar en las consecuencias de su dislate, se echó para atrás:

“Con el buen juicio que se ha tenido hasta ahora, no podemos anunciar algo que atente contra cuidar (sic) la economía de México”, rectificó.

Ricardo Monreal, en la tribuna del Senado (y futuro diputado), afirmó que Sheinbaum “no fallará a su palabra”.

Peroró:

“Habrá diálogo, no habrá ningún tipo de reformas a rajatabla. No nos vamos a precipitar, vamos a platicar y conversar con todos los sectores. Aprobaremos las reformas constitucionales que sirvan a la población y a la gobernabilidad…”. 

Pues con la novedad de que el Presidente dio madruguete neceando para satisfacer su inquina contra el Poder Judicial, y lo hizo en público (en su mañanera) para que Sheinbaum llegue este lunes ante él con una posición fijada.

De la Madrid heredó una economía colapsada y sus dos primeros años se fundieron.

La doctora estará en apuros en 2027, año en que puede aplicársele la revocación de mandato.

Ella en manos de AMLO y éste “retirado” pero conservando su base popular.

Hoy, día de comida doblemente presidencial en Palacio, dudo que el anfitrión ofrezca a su invitada tamales de chipilín.

Pero lo que sea que le sirvan, Claudia ingerirá un desagradable plato de sapos…