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Los moros con tranchetes de la mal llamada militarización
Foto de EFE/ Juan Carlos Cruz. (Archivo)

De unos años para acá la explicación fácil de algunos opinadores sobre el empleo de las fuerzas armadas en funciones no tradicionales de estas, se concreta solamente a la llamada militarización; para el autor de este artículo, se trata de un término sobre empleado en la actualidad y que se arriesga al análisis simplista de temas más complejos.

La militarización, como les gusta aseverar a algunos, no es más que una tendencia mundial en países consolidados, democráticamente hablando, que busca utilizar las capacidades de las fuerzas armadas para colaborar con autoridades civiles en ámbitos no militares.

Como un solo ejemplo de lo anterior se encuentra el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos, organización que se encarga de la edificación de infraestructura, no solo para fines militares, sino también civiles, como la planificación, diseño y construcción de presas o sistemas de protección de inundaciones, además de participar en diversas obras públicas en todo el mundo.

En México, ocurre algo similar con la aplicación del Plan DN-III-E, desde la década de los años 60’s, la labor social en comunidades desfavorecidas y con el empleo de los ingenieros militares en la construcción de infraestructura.

Respecto a la generación de infraestructura estratégica, el Presidente de la República ha reconocido ampliamente la labor del Cuerpo de Ingenieros del Ejército Mexicano, que si bien en la presente administración ha tenido una amplia labor en este tema, debemos tomar en cuenta que ya en otros sexenios fue empleado en el mismo sentido, como ejemplos tenemos las construcciones carreteras de los años 30’s, de gaseoductos a finales de la década de los 70’s y de la carretera fronteriza del Sur en el año 2000, solo por mencionar algunos.

Por supuesto que este tipo de labor viene aparejado con recursos etiquetados en el presupuesto de la Secretaría de la Defensa Nacional, no se podría hacer de otra manera, pero es un argumento que también es empleado por quienes hablan con un simplismo desmedido sobre el militarismo en México, aludiendo el incremento del presupuesto de defensa como una señal inequívoca de este.

Al respecto, habría que precisar que el presupuesto específico para defensa en nuestro país es de tan solo de alrededor del 0.6% en relación con el PIB, lo que ubica a nuestro país solo por arriba de Guatemala y Nicaragua en el continente americano con el menor porcentaje en este rubro. Es con este presupuesto con el que las fuerzas armadas se organizan, adiestran, equipan y operan, presentando un aumento marginal en los últimos años por debajo de la inflación.

El aumento del que hablan algunos opinadores, es únicamente para la materialización de proyectos prioritarios del gobierno federal, lo que se puede observar en el presupuesto de egresos aprobado recientemente por la H. Cámara de Diputados, en el que se detalla que para el 2024, la Secretaría de la Defensa Nacional contará con 259’433.80 millones de pesos, de los cuales solo el 43.39%, son para gastos de defensa y el resto, 56.61%, está destinado a los proyectos prioritarios del gobierno, como el Tren Maya, la Aerolínea del Estado Mexicano y el AIFA, por citar algunos.

El militarismo que se invoca desde hace algunos años, tratando de atarlo a las dictaduras latinoamericanas, o a las realidades que viven en la actualidad ciertos países de la región nada tiene que ver, ni se parece a la noble, ardua y profesional labor que realizan las tropas mexicanas, las que siempre han actuado, subordinadas al poder civil, en beneficio del pueblo de México. De los moros con tranchetes que algunos ven en el presupuesto de defensa, ya ni hablemos.