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Produce cataratas y ojo seco la sobreexposición a la luz azul de dispositivos digitales
Foto de Amanda Dalbjörn en Unsplash

En los últimos tres años la mayoría de la población hemos abusado del uso de dispositivos digitales, sobre todo en la noche, antes de dormir, lo que ha provocado alteraciones en la calidad del sueño y los ritmos circadianos por la estimulación fótica o luminosa, consideró la investigadora titular de la Facultad de Ciencias (FC), de la UNAM, Pilar Durán Hernández.

La luminosidad que los teléfonos celulares emiten a nuestros ojos durante la noche aumenta el estado de alerta de los usuarios y también provoca daños al órgano que modula la visión. Por ello, debemos cuidarlos evitando estos estímulos nocivos de la luz azul que también alteran los ritmos circadianos.

“Todo exceso es malo, la sobreexposición a la luz azul de los dispositivos digitales también nos provoca degeneración macular, cataratas, alteraciones en corneas y ojo seco, un problema por el abuso en el uso de estas tecnologías”, prosiguió al participar en la Semana Internacional del Cerebro 2023.

La especialista en Neurobiología explicó que el sueño está controlado por un proceso homeostático (capacidad de los seres vivos de mantener la estabilidad interior de sus cuerpos) y otro circadiano, por lo que es necesario dormir para tener buena salud, y descansar para recuperar lo que perdimos durante el sueño; cuando estamos ante un estímulo fótico esto ya no ocurre.

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Pilar Durán Hernández. Foto de UNAM.

Durante la conferencia El sueño y la vigilia, un ciclo que nos trae de cabeza, expresó: las más nocivas de las luces son la ultravioleta y la ultravioleta azul (de longitud de onda corta), que normalmente recibimos por los dispositivos digitales, que también podrían generarnos cataratas y alteraciones en el despertar.

Cuando esa luminosidad llega a la retina es absorbida por los bastones y conos (células fotorreceptores clásicas de la retina) lo que provoca disminución en la cantidad de melatonina que se secreta y que conduce a cambios en la expresión genética, lo que genera alteraciones epigenética o cambios puntuales que podríamos heredar a nuestra descendencia. Ocasionaría modificaciones a largo plazo en la plasticidad neuronal y en la actividad neuronal.

En el encuentro organizado por Universum, Museo de las Ciencias, puntualizó que la luz azul más saludable que los seres humanos podemos recibir es la natural, la que proviene del Sol, y que nos permite tener un buen ciclo del sueño-vigilia, fijar la vitamina D y suprimir la melatonina al despertar.

En la edad adulta, continuó, se generan nuevas neuronas, proceso que podría verse reducido cuando se está ante estímulos nocturnos de luz fótica, así como una etapa elevada de neuroinflamación; es decir, un alto grado de estrés oxidativo en nuestros tejidos, disminución en los procesos aprendizaje-memoria y alteraciones en nuestro estado de ánimo.

En el caso de los jóvenes evitar dormir y no respetar su ritmicidad circadiana les podría pasar factura a largo plazo, toda vez que las enfermedades neurodegenerativas pueden dispararse o agravarse por alteraciones en el ciclo del sueño-vigilia. Algo que también puede ocurrir en aquellas personas que cambian constantemente de horario laboral, por ejemplo, guardias de seguridad; quienes trabajan en fábricas con horarios movibles, azafatas y pilotos.

Si no cuidamos nuestra salud también estaríamos en posibilidad de padecer una serie de desórdenes del ciclo sueño-vigilia como insomnio, hipersomnolencia diurna, narcolepsia, apnea del sueño –que puede provocar muerte neuronal–, desórdenes del sueño paradójico como realizar actividades en horarios que son para descansar, así como el síndrome de piernas inquietas.

Si queremos asegurar un sueño reparador es necesario evitar el consumo de bebidas exudadoras del sistema nervioso central, la actividad física intensa por la noche, así como el uso de dispositivos digitales por lo menos dos horas antes de irnos a dormir, de preferencia sacarlos de la recámara; además de procurar dormir siempre a la misma hora.

Moléculas relacionadas

con cannabis

Oscar Prospéro García, titular del Laboratorio de Canabinoides del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, confirmó el hallazgo la molécula Oleamida con sus estudios en líquido cefalorraquídeo de gatos, que eran privados temporalmente de sueño.

Fue descubierta a finales del siglo XX. “Tiene la misma acción del cannabis y todos los humanos la sintetizan, por lo que son similares al principio activo de la mariguana, y por eso reciben el nombre de endocanabinoides, así fuimos los primeros en demostrar que el sueño está regulado por moléculas que tienen que ver con dicha sustancia”.

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Oscar Prospéro García. Foto de UNAM.

Al dictar la conferencia “¿Los psicólogos cuentan ovejas?”, el también investigador en el Departamento de Farmacología del Instituto de Investigación Scripps, en la Jolla, California, mencionó que el estudio tuvo sus primeros resultados publicados en 1994.

“Posteriormente, con Luis de Lecea (neurobiólogo español), descubrimos otra molécula que tiene que ver con el hambre y con lo que ocurre en la fase del sueño MOR (Movimientos Oculares Rápidos), pero sobre todo con la narcolepsia. En conjunto descubrimos una molécula denominada cortistatina, la cual cambia a lo largo del día y que nosotros, en el laboratorio, hemos demostrado que induce al sueño”, detalló.

Con todo esto concluimos que “dormir no es solamente como decir: ´ya tengo sueño y me voy a dormir´, está perfectamente regulado por el cerebro y necesitaríamos afectar este sistema para que una persona no pueda conciliarlo”.

Ovejas neuronales

En el Teatro “Dr. Jorge Flores Valdés”, de Universum, Museo de las Ciencias, Oscar Prospéro estimó que el paciente insomne está en dicha condición por la vida de estrés que lleva, y por sus pocos recursos para contender con lo que le ocurre.

“Con terapia cognitiva conductual hacemos una restructuración del pensamiento, realizamos técnicas de relajamiento, cómo contender con la adversidad que está sufriendo y con eso se controla el insomnio”, dijo.

Todo depende de las experiencias que tengamos durante el día. Nuestro patrón de sueño se va a modificar debido al ejercicio, al ritmo de nuestro trabajo, si tuvimos o no actividad sexual, al estrés, eso influye en la manera en que dormimos.

“El cerebro dice: necesito ocho horas para recuperarme y si ustedes solo le dan seis, él quiere sus otras dos horas la siguiente noche, porque tiene su cuota; sino se las damos nos la va a cobrar durante todo el día”, precisó.

El doctor en Neurociencias aseguró que dormimos donde sea, porque hacerlo es prioritario; sin embargo, el sueño no es homogéneo, pasa por diferentes fases, y una de las que más llama la atención es la de movimientos oculares rápidos, que es cuando soñamos, y dependiendo de la edad dormimos diferente.

“La luz que entra por los ojos también está involucrada en que el cerebro organice los ritmos circadianos y estos dictan varios tipos de cronotipos. No hemos adaptado nuestros genes a nuestro estilo de vida, por lo que no hay que ver mal a quien se duerme y despierta tarde, porque eso está genéticamente determinado”, aclaró.

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Foto de UNAM.