Minuto a Minuto

Internacional Gustavo Petro responde a vicepresidente electo que no es responsable de política comercial de EE.UU.
"No soy responsable de la política arancelaria de EE.UU. Imponer aranceles unilaterales rompe el TLC", afirmó Petro
Internacional ICE arresta a pareja de pastores mexicanos con tres hijos estadounidenses en Texas
Colegas de la pareja señalaron que ambos cuentan con visas religiosas y han servido por más de una década en la Comunidad Cristiana Emmanuel
Internacional La ONU prevé un “golpe” de ‘El Niño’ a la seguridad alimentaria centroamericana
Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua figuran entre los países más expuestos a los efectos del fenómeno de El Niño
Internacional Trump vuelve a la cena de corresponsales tras el atentado y bromea sobre la seguridad
Trump bromeó sobre las medidas de seguridad en la cena de corresponsales celebrada en el Hotel Waldorf Astoria de Washington
Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento

Vista de cerca, la figura de Pancho Villa, como los templos aztecas, exuda un olor a sangre que apenas puede tolerarse.

El historiador Friedrich Katz escribió una especie de historia universal del personaje: Pancho Villa (Era, 2 vols.,1998).

En ese libro están retratados el bandido y el guerrillero, el valiente y el paranoico, el guerrero hábil y el estratega torpe, el genio carismático de la organización militar y el idiota comandante que destruye su ejército lanzándolo una y otra vez sobre las trincheras de Obregón en los llanos del Bajío.

Katz registra también las partes sangrientas de Villa, su fondo de ira y venganza, así como las múltiples ignorancias que lo llevaron a la derrota.

La violencia cruza la historia de Villa de cabo a rabo. Como el de ningún otro revolucionario, su trayecto deja claro que la guerra no es sino el “negocio de matar”, dice Katz en un pasaje, y Villa, un hombre poseído por aquella “monomanía de matar”, que Felipe Ángeles reconoció como su rasgo intolerable.

En ningún otro gran personaje de la historia de México, la capacidad de violencia personal ha tenido una expresión tan alta.

En ningún caudillo militar de la Revolución aparece tan nítido el vínculo entre el arrebato homicida personal y el homicidio colectivo que es la guerra.

Ni en Carranza, ni en Zapata, ni en Obregón hay un paso directo entre matar por propia mano y hacer matar por medio de las manos de un ejército.

En Villa, sí. Villa es el mayor matón consagrado como prócer y como héroe popular de nuestra historia.

Véase su perfil de ajuste de cuentas con Claro Reza, antiguo compañero de crímenes, que se había vuelto espía del gobierno y delator de las correrías de Villa, antes de la Revolución:

Villa entró a Chihuahua con paso lento para encontrar a Reza. Se compró un gran cono de helado y lo iba lamiendo y mordiendo cuando Reza salió de su cantina preferida, Las Quince Leguas, para enfrentarlo. Villa disparó sobre su antiguo compinche, lo mató y luego, con el mismo paso lento, salió en su caballo del pueblo sin que nadie se atreviera a perseguirlo.