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Grupo Contadora, germen de la paz en Centroamérica hace 40 años
Fotografía de archivo fechada el 16 de octubre de 1984 que muestra a los ministros de Exteriores de los cuatro países miembros del Grupo Contadora, de izquierda a derecha, los cancilleres iberoamericanos, el panameño Oyden Ortega, el mexicano Bernardo Sepúlveda, el colombiano Augusto Ramírez Ocampo y el venezolano Isidro Morales, que recogieron el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana de ese año, concedido a este organismo, durante la ceremonia de entrega de la 4º edición de los Premios Príncipe de Asturias, en Oviedo (España). Foto de EFE/ ARCHIVO

El Grupo Contadora, creado hace 40 años para impulsar la paz en una convulsa Centroamérica, allanó la vía hacia ese objetivo y, además, fue el germen de la integración latinoamericana que se concretaría casi tres décadas después en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Esta instancia fue constituida el 9 de enero de 1983 por México, Colombia, Panamá y Venezuela durante una reunión en la isla panameña de Contadora, que ya había sido escenario de “las últimas reuniones del proceso de negociación” que llevaron a la firma en 1977 de los Tratados Torrijos-Carter que pusieron fin a la presencia colonial de Estados Unidos en el Canal interoceánico.

“Así que la isla era conocida como un lugar de reuniones de concertación política, lo que sirvió para constituir el grupo dándole ese nombre”, agregó en declaraciones a EFE el escritor y diplomático panameño Nils Castro.

Castro, quien era el secretario de relaciones internacionales del panameño Partido Revolucionario Democrático (PRD) de Panamá -fundado por el general Omar Torrijos, jefe del Gobierno de Panamá desde 1968 hasta su muerte en 1981- relató que como parte de los negociadores recorrió “toda Centroamérica” para hablar “a veces en las reuniones oficiales” y otras en las celebradas “bajo la mesa”.

“Fue toda una aventura. En lo que se refiere a Panamá, trabajamos en dos niveles: el formal, generalmente constituido por los cancilleres y que era el que salía en los medios. Y otra instancia menos visible, de diálogo con los principales actores de la situación centroamericana, tanto de gobierno como de la oposición, e incluso los insurgentes, para ir logrando que los acuerdos de Contadora fueran aceptables para todos”, explicó.

El contexto centroamericano

Centroamérica era en la década de 1970 y 1980 un foco de tensión internacional por los conflictos armados que asolaban Guatemala, El Salvador y Nicaragua, y que afectaban a Honduras, todo en medio de la confrontación Este-Oeste de la guerra fría.

Es en ese escenario que el Grupo Contadora se conformó. Contó con el apoyo de la ONU, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la entonces Comunidad Económica Europea, pero no el de Estados Unidos.

Estados Unidos no vio la iniciativa con buenos ojos porque venía operando en el área en una línea diametralmente opuesta con el fin de impedir la instalación de un régimen socialista en Nicaragua, dada la influencia de la Unión Soviética ayudada por Cuba, como indica la Fundación Esquipulas en un escrito de 2016.

El objetivo: la paz y la democracia

El Grupo Contadora se planteó, y trabajó en consecuencia, para “lograr el cese de fuego y la deposición de las armas”, y para que en cada uno de los países en conflicto “se hicieran las reformas democratizadoras necesarias para que la deposición de las armas fuera admisible para los insurgentes y estas se respetaran en cierto grado”.

“No fue simplemente que dejaran de tirotearse las fuerzas del Estado y las fuerzas insurgentes”, explicó el exembajador de Panamá en México, que sostuvo que la existencia del Grupo Contadora “facilitó que los grupos a favor de las reformas democráticas y de la pacificación pudieran manifestarse, lo que contribuyó a la democratización de las sociedades”.

El Grupo Contadora logró que cinco países centroamericanos firmaran en septiembre de 1983 de un “documento de objetivos” para, entre otros, eliminar el armamentismo y la presencia militar extranjera; en enero de 1984 otro para la adopción de “normas para la ejecución de los compromisos asumidos en el documentos de objetivos”.

Los analistas coinciden en que la tarea del grupo sentó las bases para las reuniones de Esquipulas y el Plan Arias, en los cuales finalmente los Gobiernos centroamericanos acordaron la pacificación definitiva de la subregión.

“Al final, cuando ya todo estaba muy maduro y ya las partes habían manifestado su anuencia, se nos adelantó el presidente de Costa Rica Óscar Arias, logró una reunión de presidente centroamericanos en Esquipulas en la que se firmaron los acuerdos que estaban pendientes de firmar dentro de Contadora. Cosa que le valió a Óscar obtener el Premio Nobel de la Paz, sin que en realidad él hubiera participado antes en las gestiones de Contadora”, dijo Castro.

El germen de la integración latinoamericana

En respaldo al Grupo Contadora se creó en julio de 1985 el Grupo de Apoyo, conformado por Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. Y en diciembre de 1986 este conjunto de países constituyó el Grupo de Río, que a la postre se transformó en la CELAC.

El Grupo Contadora nunca se disolvió, sino que decidió convertirse en el Grupo de Río, un grupo de países y gobiernos que abogaban por la democratización, la integración y el desarrollo de los países latinoamericanos”, dijo Castro.

Así que “el Grupo Contadora se convirtió en el Grupo de Río, y continuó como Grupo de Río de allí en adelante hasta la creación de la Celac (…) no sabíamos cuándo creamos el Grupo, que estábamos creando una instancia tan amplia, tan abarcadora para la integración latinoamericana”, aseveró.

Con información de EFE