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Los primeros meses del sexenio eran pletóricos de incertidumbre. Todavía era presidente electo cuando Andrés Manuel López Obrador adelantó su decisión —apoyado en una peculiar consulta ciudadana— de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco.

El peor escenario —advertido por una minoría durante las campañas presidenciales del 2018— estaba por configurarse. Ya en funciones, con un gabinete moderado, pero una mayoría legislativa incontestable, la Cuarta Trasformación era un absoluto misterio para tomadores de decisión, dirigentes empresariales e inversionistas nacionales y extranjeros, quienes al mismo tiempo que buscaban interlocución con los nuevos funcionarios, trataban de encontrar ayuda externa para descifrar al nuevo gobierno.

Los expresidentes españoles Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y los académicos James Robinson y Dani Rodrik, estuvieron entre los expertos globales cuestionados sobre las incógnitas que planteaba el arribo de AMLO a la Presidencia. El fantasma del populismo —desde entonces— buscaba ser exorcizado.

Pero, ¿qué tipo de populismo había llegado al poder? Rodrik —tienen en cuenta sus interlocutores— dejó muy claro que la definición político-institucional era engañosa, pues otros exponentes del nuevo autoritarismo populista, como Víktor Orbán, Jair Bolsonaro e incluso Donald Trump, estaban en un espectro ideológico opuesto a líderes latinoamericanos, como Evo Morales o Nicolás Maduro.

El afán de descifrar a la Cuarta Transformación convirtió al trabajo de la autora argentina María Esperanza Casullo (¿Por qué funciona el populismo?, Siglo XXI) en un libro de consulta.

Otros, más familiarizados con las iniciativas regionales –el Foro de Sao Paolo y el Grupo Puebla—recurrieron directamente a la visión del teórico argentino Ernesto Laclau. La comprensión del populismo —definió— principalmente es la implantación de “un discurso que identifica el Bien con una voluntad unificada del pueblo y el Mal con una élite conspiradora”.

AMLO —confirmaron— despliega un discurso maniqueo que incluye dimensiones morales y dualistas de la historia y aplica un lenguaje agresivo que se combina con una actitud de que “todo vale”, cuando se trata de un cambio sistémico.

Pero una cosa era identificar los elementos discursivos del populismo y otra, muy distinta, resultaba la necesidad de medir el fenómeno e identificar correctamente a los políticos populistas. AMLO —concluyeron— es un populista extremo. Y lo han comprobado, después de la pandemia, con el inicio del periodo recesivo.

¿Y los presidenciables de Morena? No pueden tardar tanto en estudiar e identificar en qué escala se ubican.

Efectos secundarios
DIFERENDO. La megacompra de equipo de cómputo para el IMSS-Bienestar concluyó, con la asignación de dos contratos; uno, para surtir 14,300 computadoras, por 267.9 millones de pesos, y otro, de 38,000 aparatos, por 900 millones. Ambas adjudicaciones, bajo el procedimiento de invitación a cuando menos tres proveedores, llevan la firma de Antonio Raúl Gutiérrez, del IMSS, y fueron avaladas por un testigo social. Pero la renovación de los equipos del IMSS, después de 11 años, podría verse aplazada por la impugnación del fallo formulada por Mainbit, firma que presentó una cotización más barata —por 220 millones— pero fue descartada por los técnicos que estudiaron las propuestas debido a que no comprometió una garantía para el mantenimiento y eventual reemplazo de componentes.