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Se dice, con ligereza, que la victoria de Lula pinta de izquierda a la América Latina. El triunfo de Lula se antoja como un triunfo más sustantivo que el de la izquierda brasileña: como un triunfo de la democracia sobre la autocracia.

Lo que llevó al triunfo a Lula en las pasadas elecciones fue una coalición amplia de fuerzas democráticas. Las fuerzas de izquierda no hubieran bastado. Lula pudo convocar a una gran coalición que puso aparte sus ideologías y sus agravios para centrar los esfuerzos en la derrota de la amenaza mayor: la autocracia bolsonarista.

La coalición, resume Oliver Stuenkel en El País, (30/10/22), incluyó lo mismo a políticos de extrema izquierda, como Guilherme Boulos, a ambientalistas como Marina Silva, que había tenido una ruptura brutal con Dilma Rousseff y con el PT, a ex banqueros y conservadores económicos, como Henrique Meirelles y centristas como Aloysio Nunes.

La coalición reunió a personajes y corrientes de la política brasileña que habían tenido agrias rivalidades con el PT y con Lula, empezando por el ahora vicepresidente electo, el ex gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin. Alckmin contendió por la presidencia con Lula en 2006, cuando Lula se postuló para reelegirse. Alckmin le dijo entonces que lo que buscaba era “volver al lugar del crimen”, aludiendo a los escándalos de corrupción que sacudieron el primer gobierno de Lula y marcaron, de hecho, toda la era del dominio del PT en Brasil, hasta la caída de Dilma Rousseff y la prisión infame del propio Lula, quien no había tomado un peso pero había sido la figura dominante de una época de gran bonanza y también de gran corrupción en su país.

Lo que Lula propuso ahora, en los hechos, desde su estrategia de campaña, no fue un gobierno de izquierda sino un gobierno centrista, un gobierno de reconciliación, luego de una batalla electoral marcada por el dilema democracia o autocracia.

Por eso fue creíble, a la vez que indispensable, que Lula dijera en su discurso de victoria que iba a gobernar para todos los brasileños y no sólo para los que habían votado por él. Tremenda y magnífica tarea.