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Hay cicatrices que se quedan de por vida a la vista de quien nos mire. Heridas que nos dejan expuestos toda la vida al perder parte de nuestro cuerpo en guerras amorosas, físicas o emocionales.

Las cosas y las personas que perdemos nos duelen, y todo aquello intangible como la seguridad, la confianza y la certeza de que todo estará bien, van dejando marcas.

México está herido y sigue acumulando huellas de impunidad, inseguridad, negligencia, abuso de poder, corrupción y la intrusión del crimen organizado en la cotidianidad de cualquier pueblo, ciudad y estado.

El país comienza a resentir las llagas de las muertes, los secuestros, y de una guerra que quisieran silenciar pero que es cada vez más evidente. El crimen organizado se mezcla entre los ciudadanos y atacan cuando les da su gana. ¿Quién los detiene? Nadie.

Las redes sociales se han convertido en una especie de Stand Up de los políticos, posterior a cualquier ataque de la delincuencia. Todos publican que “no permitirán”, “ni dejarán” de tomar cartas en el asunto y que “han dado la instrucción” de vigilar y encontrar a los culpables.

Pero no pasa nada, ni pasará.

El fin de semana fue Guadalajara en Plaza Antara en donde familias presenciaron un enfrentamiento entre jóvenes vestidos de negro y armados como militares. Ayer asesinaron a Blanca Esmeralda Gallardo, la madre que buscaba desde hace un año a su hija Betzabé que desapareció en Puebla.

Hoy fue en San Miguel Totolapan, Guerrero en donde un grupo altamente organizado bloqueó los accesos al pueblo, mientras un par de camionetas se dirigieron al palacio municipal y en una vivida para disparar una ráfaga directa hacia el alcalde de la localidad y a 19 personas más.

De 2 a 4pm, como en horario de oficina y siendo su hora de comer, los delincuentes salieron a hacer lo suyo.

Los cuerpos tirados en el piso, la sangre regada y los alaridos de dolor y de espanto de quienes presenciaban la escena espeluznante.

La herida de cada mujer que hoy ha de enterrar a su esposo, a su padre, a su hijo o a su hermano. Las marcas en las familias que no volverán a ser las mismas. La cicatriz

El Palacio Municipal de San Miguel Totolapan se queda con más de 100 impactos y la casa del presidente municipal con charcos de sangre en el piso.

Conforme pasan los días, nuestro país es herido, lastimado y nadie hace nada por recuperarlo y sanarlo.

Hay cicatrices que son de por vida, y hoy más familias llevarán una muy grande e imposible de sanar.

La fachada amarilla, es el arquetipo de México.

México y sus cicatrices - matan-a-al-menos-10-personas-en-san-miguel-totolapan-guerrero-el-alcalde-entre-las-victima-1024x576
Vista de la fachada del Ayuntamiento de San Miguel Totolapan, Guerrero. Foto: Especial