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La nueva información sobre el caso Ayotzinapa muestra que los militares tenían un conocimiento puntual de todo el microcosmos político y criminal de Iguala, y de lo que sucedió el día 26 de septiembre y los siguientes.

Según esta versión alterna a la “verdad histórica”, los militares tenían intervenido con su sistema de inteligencia a todo mundo: normalistas, políticos, familiares, policías locales y todo lo que juzgaran de interés.

Monitoreaban sin ningún cumplimiento de formas judiciales, mediante diversos sistemas de intercepción, entre ellos el famoso Pegasus.

Habrían tenido registro en tiempo real de lo sucedido en todos los frentes del tejido delincuencial que se materializó la noche del 26 de septiembre en Iguala: cada movimiento de los normalistas, cada incidente registrado aquella noche y una comunicación fluida con autoridades, policías municipales y con criminales, a los que por momentos les hablaban como jefes.

En el Informe de la comisión Encinas, la Covaj, hay pantallas de mensajes del  coronel en jefe y de otros oficiales del 27 Batallón de Infantería, en los que los militares preguntan por el destino de los normalistas, urgen a “limpiar todo”, ofrecen “encargarse” de seis que estaban vivos todavía el 4 de octubre, en una bodega de Pueblo Viejo, un barrio de Iguala, donde los cautivos fueron ejecutados. En algún momento, en esos mensajes, los militares ofrecen las instalaciones del cuartel para guardar los cuerpos, porque ahí nadie podría entrar.

Un jefe criminal, El Chino, que se siente traicionado porque su cómplice, El Negro, pactó con el coronel su impunidad, habla así de ambos: “Pinche Negro traicionero y pinche coronel, tanto dinero que recibió que yo personalmente le llevé hasta el 27 (batallón)” ( Covaj, p.68).

En el informe IV del GIEI sobre Ayotzinapa (29/9/22) se consignan tratos de complicidad de la Marina con criminales que se refieren a ella como La Marinela, con la que tienen comidas, a la que entregan dinero y a la que mencionan, después de un encuentro violento con rivales, del siguiente modo: “Ya estaban cerquitas estos putos (…) Sí, pero les rompimos su madre (…) Ay anda la Marina, va de parte de nosotros” (Ayotzinapa IV, p.19). Según esta verdad alterna, los militares de Iguala habrían sido parte de la infección, no su antídoto.