Minuto a Minuto

Sin Categoría Embajador Ronald Johnson lamenta ataque en Teotihuacán
Johnson indicó que el gobierno de Estados Unidos está dispuesto a brindar apoyo en lo que sea necesario
Entretenimiento México conmemora el Día Internacional de José José y su legado: “Era un cantante único”
El Día Internacional de José José se celebró en el Parque de la China, en Ciudad de México, tras siete años de su fallecimiento
Deportes Propuestas para modificar el reglamento de F1 2026
Es en definitiva un gran avance y pero también la confirmación de que las quejas, señalamientos y descontento generalizado sobre el nuevo reglamento estaban sustentadas y no solo se trata de una apreciación de algún sector en particular
Nacional El laberinto de Leonora Carrington cobra vida con una experiencia sensorial en México
El recorrido ‘Laberinto Mágico’ abrirá sus puertas el próximo 22 de abril en el Centro de las Artes Inmersivas en CDMX
Internacional Diálogo de sordos entre EE.UU. y Cuba: filtraciones, negaciones y la amenaza de la agresión
El gobierno de Estados Unidos exigió al gobierno cubano liberar en un plazo de dos semanas a presos políticos relevantes

La violencia mexicana ha cambiado mucho en los últimos años. Parece venir de las mismas fuentes que la explicaron hasta ahora, en particular de la violencia del narco, del crimen organizado en general, y de sus ajustes de cuentas.

Naturalmente esas siguen siendo causas fundamentales de la violencia, pero es cada vez más certera la visión que, desde un principio, tuvo Fernando Escalante Gonzalbo respecto de nuestra violencia: es más diversa en su origen de lo que sugieren expresiones como “cárteles de la droga” o “crimen organizado” Ver aquí.

Lo que la guerra contra el narco rompió, dice Escalante, fue una especie de homeostasis de la violencia, mediante la cual estaban contenidas, acotadas, y respetadas en sus intereses, redes muy distintas de gente armada que había en el país, redes de crimen local, de negocios ilícitos que iban de la extorsión política, tipo Antorcha Campesina, a diversos tráficos ilegales como el de migrantes, mujeres, madera, protección, control caciquil, control sindical, y la actividad micro de bandas asociadas a sus respectivas complicidades con policías y ex policías, con militares y ex militares.

La batida contra el narco rompió esa homeostasis y puso a todos a defenderse y a disparar, no sólo a los narcos. La diversidad criminal del país es mucho más extensa y más difícil de controlar hoy que la violencia del narco.

El crimen pasó poco a poco en estos años de la violencia “especializada” del narco, que lo que quiere es producir, transportar y exportar drogas, a la violencia múltiple, ubicua, a ras de pueblos y comunidades, que lo que quiere es extorsionar a la sociedad.

El nuevo crimen genérico de México no es el del narco sino el del derecho de piso, vale decir, la exacción violenta de todo lo que hay en el horizonte: negocios grandes y pequeños, puestos de los mercados públicos o vendedores ambulantes, productores de aguacate o vendedores de pollo, gobiernos locales o tortillerías, y hasta iglesias.

Enrique Serna publicó aquí en MILENIO un excelente muestrario de esa nueva diversidad criminal (“Soberanía en peligro”). Y el diario El País ha hecho dos excelentes reportajes apuntando en la misma dirección.