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Apache Juana de Arco
Foto: mujeresenlasombra.com

Su nombre recorrió como polvorín los caminos del norte, diestra para robar caballos y renombrada por su valentía. Así se convirtió en leyenda, de esas que generan un modelo; un rol aspiracional a seguir. Se habló de ella enalteciendo el color de su raza, pero sobre todo por la indómita y aguda destreza en los campos de batalla. Tatuado llevaba el orgullo que sentía por su pueblo.

Cuando encuentro personajes que me hacen vibrar, de inmediato crece una curiosidad enfermiza que no me deja dormir. Comienza la tarea de buscar y encontrar como si alguien me pusiera a la mano, un mapa para encontrar por donde escudriñar. El personaje revolotea en mi mente, aparecen los escenarios de su existencia y cada vez más, me doy cuenta que hay una necesidad mía de suturar nuestro paso como especie, por este planeta que a veces parece que se desgaja. Enalteciendo el paso de algunos, quizá exagerando sus proezas me da la impresión que todavía en algún lado, alguien o algo no se da por vencido gracias a ellos, que cada vez que llora un niño al nacer, nos dan la oportunidad de encontrar el camino de regreso a nuestra naturaleza primigenia.

Lozen fue una mujer medicina de esas que hoy llaman chamanes, una guerrera apache chiricahua que luchó contra las fuerzas de la invasión a mansalva, defendiendo los territorios de su pueblo en contra de los invasores mexicanos y estadounidenses. En el año 1848, Nuevo México se convirtió en territorio de los Estados Unidos bajo el Tratado de Hidalgo y la fiebre del oro atrajo a innumerable cantidad de mineros, lo cual incrementó sensiblemente el paso de miles, convirtiendo el suelo en una carnicería humana.

Apache Juana de Arco - apache-juana-de-arco
Foto: narcolepticos.com

Durante más de 30 años de lucha incansable en contra del hombre blanco, le llamaron la “Apache Juana de Arco”.

Lozen; la diestra ladrona de caballos, se suma a la lista de los grandes guerreros nativos americanos, seguro haz escuchado de Gerónimo de los Apache y de Toro Sentado de los Lakota. Está también Tecumseh, de la tribu de los Shawnee por mencionar a los más famosos, aunque sé que hubo muchos más. Hombres y mujeres defendiendo lo suyo. Ya sabemos como va eso de la historia, cuenta quien gana, quien obtiene algo por hacerlo y si no, el nombre se desdibuja sin pena ni gloria.

Todos ellos los nombrados y los que yacen bajo suelo sin epitafio que los recuerden, son merecedores al menos de nombrarlos de alguna manera, pues gracias a su valiente resistencia, aseguraron la supervivencia cultural de sus tribus. Es importante mencionar que Lozen, realmente no llegó a ser tan conocida, pero es de las pocas que lograron encontrar su nombre en algunos libros.

Nacida en una cultura matriarcal desde una temprana edad, entendió la herencia a la que era acreedora, las mujeres en su cultura desempeñaban un papel fundamental en la sociedad. Portando sus cuchillos, si el hombre caía en un combate, la mujer ocupaba inmediatamente su lugar.

Según la historia oral, vigente hasta el día de hoy, obtuvo un poder sobrenatural para localizar a los enemigos. A los 12 años se sometió a algunos ritos que aguzaban los sentidos y tuvo que estar un tiempo sola en las montañas. Se cuenta que una deidad llamada “Mujer Pintada de Blanco” entró en su torrente sanguíneo y se volvió el centro de su historia, acompañando su camino como si estuviera dentro.

Levantaba sus brazos al cielo, y caminaba formando una especie de círculo mientras oraba a Ussen –dios creador de la vida en la mitología apache- mientras sus venas se teñian de color azul y una sensación en sus brazos le indicaba la ubicación exacta de sus contrincantes, además de saber exactamente cuántos eran. Yo la imagino y la respiro así, me revisto de la fuerza de la narrativa para hacerla mía, por lo que elijo creerlo así, me apasiona la magia que teje un personaje cuando se vuelve inalcanzable. Me encantan los brochazos de lo imaginario.

En el año 1861, el jefe Chokonen Chiricahua Cochise, fue acusado falsamente de secuestrar al hijo de un ranchero, lo que provocó una serie de conflictos que involucrarían a las autoridades de Estados Unidos y a varias naciones apaches en un conflicto que duraría más de 24 años.

Lozen fue recibida en el consejo de las naciones indígenas como guerrera y luchó durante años con su hermano Victorio en defensa de su patria y de la injusticia a la que su pueblo había sido sometido.

Ahora que está de moda pedir “perdón” por las ofensas pasadas, sería interesante ver que el jefe Chokonen Chiricahua Cochise, recibiera al menos una alabanza, en recuerdo de una colonización dolorosa. Ojo, esto implica que habría que hacerlo uno por uno, a todas los pueblos desde que el hombre se hizo hombre.

Victorio y su banda de apaches fueron trasladados a las condiciones deplorables de la reserva de San Carlos en Arizona en la década de 1870, ante esto, alrededor de 1877, dejó con su gente la reserva. Así comenzó un duro camino que los llevó a saquear para sobrevivir. Con dinero por su cabeza de por medio, se volvieron forajidos. El conocimiento de la tierra y sus senderos les permitió eludir la captura.

Cuando la banda huía, Lozen lideró a niños y mujeres durante el cruce del Río Grande.

James Kaywaykla que era un niño en aquel tiempo, montando detrás de su abuela años más tarde narró: “Vi una mujer magnífica sobre un hermoso caballo —Lozen, hermana de Victorio. ¡Lozen, la guerrera, por encima de su cabeza llevaba su rifle! Hubo un resplandor cuando su pie derecho se levantó y tocó el hombro de su caballo. Este se lanzó al torrente, giró su cabeza río arriba y empezó nadar.”

Las mujeres y los niños la siguieron. Cuando lograron alcanzar la otra orilla del río estaban exhaustos, fríos y mojados, pero vivos.

Ya seguros se acercó a la madre de Kaywaykla y con fuerza le dijo : “ Anda toma el mando ahora, no tengo tiempo que perder, debo regresar con los guerreros .“ Así condujo su caballo a través Del Río salvaje de nuevo y regresó con sus camaradas.

El capitán Joaquín Terrazas con su ejército de tarahumaras emboscaron a Victorio al norte de Chihuahua y le dieron muerte.

Lozen fue tomada como prisionera de guerra y llevada a la prisión de Mount Vermont en Alabama tras ser capturado Geronimo en 1886 y en 1888 sucumbio ante la tuberculosis, un enemigo silencioso, un microscópico bacilo ante el cual no puedo hacer nada.

Por DZ

Claudia Gómez

Twitter: @claudia56044195