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n su visión del nuevo “trilateralismo geopolítico” que se despliega ante nosotros, con su riesgosa tonalidad de nueva guerra fría, Manuel Castells ha tenido la solvencia de esbozar algunos de los recursos bélicos de Rusia, China y Estados Unidos.

El balance es favorable a Estados Unidos, aunque no por mucho y no por mucho tiempo. Rusia es una fortaleza militar que ha hecho una inversión tecnológica considerable en aviones, misiles y ciberguerra.

Pero es una potencia débil económicamente, con un producto igual al del estado de Nueva York. China es el hueso duro de roer. Económicamente tiene el tamaño de Estados Unidos. Tiene también las fuerzas armadas más numerosas y una flota moderna capaz de controlar el Pacífico, vital para la economía mundial.

“La gran interrogante”, dice Castells, “es si China puede competir con Estados Unidos en tecnologías decisivas. En particular en inteligencia artificial, que es ya el núcleo esencial de la guerra del siglo XXI, operada por satélites, misiles y enjambres de drones. Estados Unidos e Israel son los mayores productores de drones militares. China ha diseñado un plan de rearme que prevé la paridad tecnológica con Estados Unidos en 2049” (https://bit.ly/3vp6DlF).

Tanto Rusia como China tienen “bombarderos invisibles” que superan a los estadunidenses. La tendencia es que habrá una paridad militar de Rusia y China frente a Estados Unidos. Hasta que Putin amenazó con lo contrario, esta carrera armamentista se desarrolló dejando fuera del tablero la opción de las armas nucleares.

Las armas nucleares mantienen su papel de disuasión de última instancia de la guerra fría clásica. “Así las cosas”, sigue Castells, “la alianza táctica de Rusia y China para compensar su inferioridad actual con Estados Unidos, inclina la balanza en su favor, si de verdad estuviesen aliadas. Ya se están apoyando recíprocamente en Ucrania y en Taiwán.

En un teatro de operaciones limitado a Ucrania, Rusia tiene una superioridad aplastante en fuerzas convencionales, junto con la capacidad suficiente para rechazar una ofensiva aérea”.

El temor de Rusia se concentra en las sanciones económicas que pueda recibir de Occidente. A juzgar por las que ha recibido, con razón.