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México cambió muy rápido su posición frente a la guerra de Rusia contra Ucrania. Pasó de unas tibias generalidades a favor de la paz por la mañana, a una clara condena de la invasión rusa por la noche, en sintonía con el pronunciamiento del Consejo de Seguridad, vetado por Rusia, del que se abstuvieron China e India, esbozando la realidad de un nuevo alineamiento geopolítico global.

El paso mexicano de la tibieza a la condena es un pequeño síntoma de la gravedad de este nuevo alineamiento, que Manuel Castells describió como “un trilateralismo político” (China/Rusia/ EU y UE) que hace peligrar la paz “más que la guerra fría bipolar” (https://bit.ly/3vp6DlF). La invasión de Ucrania nos queda muy cerca en las noticias que llegan desde las ciudades asediadas, dando cuenta dramática del abuso militar y moral de la invasión rusa.

Nos queda muy cerca también por las consecuencias económicas.

El alza de los precios del petróleo y de las gasolinas podría significar para México, nos dice Enrique Quintana, un boquete fiscal de 300 mil millones de pesos este año (https://bit.ly/3ty1cP9).

Las restricciones políticas que nos impone la nueva guerra fría son altas también. Estados Unidos y la Unión Europea han respondido a la agresión rusa, aislando a ese país de las finanzas y del comercio mundiales, lo cual obligará a los demás países de Occidente, México y América Latina entre ellos, a alinearse con las sanciones y aplicarlas, o a tomar el riesgo de ser tratados como “facilitadores” (“enablers”), a los que las sanciones consideran explícitamente como eslabones a castigar.

Las sanciones de Occidente para Rusia, sus oligarcas y sus facilitadores, son económicas, pero están tomadas en una lógica de guerra. La respuesta de Putin ha sido poner en alerta sus fuerzas nucleares, con lo que queda claro el tamaño de la amenaza que percibe y el tamaño de la que envía.

Se dibuja así el durísimo contorno de la guerra fría tripolar de que habla Castells, donde habrá apenas espacio para el no alineamiento. Para México y América Latina, las relaciones con Rusia quedan como un asunto serio a revisar en todos los órdenes: de los flujos bancarios a las vacunas.

Ucrania está muy cerca de nosotros.