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Entre las razones para no caer en el juego de votar por la revocación de mandato del presidente no está solamente la inutilidad del ejercicio ni el rechazo a la trampa evidente con que el morenismo busca la narcisista ratificación, sino el riesgo lejano de que, como en el hipódromo, se haga la chica, Andrés Manuel López Obrador sea rechazado por la mayoría de votantes y, en consecuencia, resulte separado del cargo por ilusoria “pérdida de confianza”.

Contra la cacareada patraña de que “los adversarios” (neoporfiristas, neoliberales y corruptos) quieren “tumbar” al Presidente pesa el riesgo teórico de que su lugar sea ocupado por cualquier don o doña nadie que, como todas y todos en el partido en el poder, carecen de luz propia y figuran en la vida pública gracias a la luz de AMLO, de cuya energía se alimentan. Sin brillo alguno, en su lugar quedaría el virtual dirigente del Congreso: el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna.

La legislación anterior decía que, en ausencia del Presidente, debía gobernar de manera interina el secretario de Gobernación, en tanto se realizan elecciones para concluir el periodo constitucional del mandatario cesante, pero esto se modificó en favor de cualquier hija o hijo de vecino que presidiera el Congreso.

Gutiérrez Luna es el ex panista chaquetero que devino en súbito fanático morenista, el ignorante que se atrevió a convertir en penal un asunto electoral, denunciando ante la Fiscalía General de la República a los seis consejeros electorales que, ante la insuficiencia de recursos, votaron por la postergación de algunas medidas previas a la consulta (decisión echada para atrás por el Tribunal Electoral) y a quien para nada intervino en la fugaz disposición: el secretario ejecutivo del INE.

Tan descocada fue su actitud que de inmediato fue descalificado por el presidente López Obrador. Es el mismo persecutor que cometió la imprudencia de recabar opiniones en Twitter sobre si los consejeros Córdova y Murayama “merecen” ganar más que el Presidente. Recibió mil 244 respuestas y el 69 por ciento dijo “Sí, con nuestros impuestos”, y el 31 por ciento “No, que renuncien”, lo que reflejó más o menos la confianza social de que goza el INE, la mayor entre todas las instituciones civiles de México.

Por ese lógico pero contraproducente resultado que obtuvo en menos de una hora, “borró” la estulta provocación. ¿Quién desearía que Sergio Gutiérrez Luna ocupara el cargo que viene ejerciendo Andrés Manuel López Obrador? Supongo que al mismo predestinado ha de aterrarle la idea.

Cualquier camarada del popular primer mandatario actual es pequeño, pequeña o insignificante y quizá peor si la Presidencia recayera en el irresponsable titular de la Cámara de Diputados.

Por eso, aun si la probabilidad es tan remota que parece imposible, lo mejor será no jugar a la caprichosa vacilada de la revoca-ratifica-ción…