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Colmillos de hombres redujeron su tamaño al inicio de la evolución
Dientes. Foto de Kev Bation / Unsplash

Los humanos tienen los colmillos masculinos más pequeños de todos los antropoides y sin grandes diferencias con los femeninos. Una característica que se produjo al inicio de la evolución humana y pudo estar relacionada con una disminución de la agresividad.

Desde que Darwin centrara su estudio en esta particularidad de nuestra especie, los investigadores han estado preguntándose el cómo y el porqué de esta evolución.

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Caninos de chimpancé (arriba) y caninos de ‘Ardipithecus ramidus (abajo). Foto de Suwa

Un equipo con participación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Burgos, norte de España) estudió esa escasa diferencia en los dientes caninos masculinos y femeninos.

Para ello aplicaron métodos estadísticos que les permitieran estimar y comparar los niveles de dimorfismo sexual (variaciones en tamaño o morfología entre los sexos) de los dientes caninos y analizaron fósiles de Ardipithecus ramidus, de Australopithecus y de simios extintos.

Los resultados sugieren que el débil dimorfismo sexual, es decir, las escasas diferencias entre los colmillos masculinos y femeninos era una característica de los miembros del clado humano ya en el Ardipithecus ramidus, hace unos 4.5 millones de años.

Los autores estiman que el dimorfismo sexual de los dientes caninos en el Ardipithecus ramidus era menor que en los bonobos, el simio existente con el menor dimorfismo de los colmillos y comparable a los niveles observados en los humanos modernos.

Las pruebas fósiles disponibles indican una drástica reducción del tamaño de los colmillos masculinos, con pocos cambios en los niveles de dimorfismo canino desde entonces.

Esto sugiere que en los inicios de la evolución humana se produjo un profundo cambio conductual asociado a los niveles comparativamente más bajos de agresión masculina, probablemente coincidente con la adopción de la bipedalidad.

Entre los primates antropoides existentes, se observan caninos masculinos relativamente más pequeños en especies que se caracterizan socialmente por tener relaciones más tolerantes entre machos y por la codominancia macho-hembra, como es el caso del bonobo o el mono araña lanudo.

El dimorfismo sexual suele cuantificarse mediante una proporción simple, pero fundamental: la relación entre los valores medios masculinos y femeninos de un rasgo concreto, como puede ser el tamaño del diente canino.

El estudio del tamaño corporal y del dimorfismo sexual de los caninos ha sido un centro de interés en la paleoantropología debido a sus implicaciones en diferentes teorías sobre las sociedades humanas del pasado y comportamientos como la poliginia o la monogamia.

Con información de EFE