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Según los estudios de Carlos Hernández Torres sobre el abstencionismo, a los que me referí en este espacio la semana anterior (19/11/21), la clase media mexicana se hace más apolítica entre mejor le va. No vota, entre mejor le va. Esto no deja de ser un misterio.

Lo que ha medido Hernández Torres es una correlación estadística estable que se repite, con variantes locales, en todo el país.

A saber: mientras hay mayor escolaridad y mayor cantidad de bienes económicos en los hogares, hay también mayor abstención electoral. Entre mejor les va económicamente y más educados son, los mexicanos se desentienden más de la política, la ven como un asunto que no les interesa o no les incumbe, incluso cuando se trata del más simple nivel de participación política que es votar.

Difícil entender que los ciudadanos más capacitados por su escolaridad y sus ingresos no quieran ejercer sus derechos ciudadanos elementales y que dejen a otros la decisión de quién va a gobernarlos.

Sospecho que se cruza aquí un asunto de pedagogía política que hemos sembrado con gran eficacia en la opinión pública educada durante las últimas décadas.

Un caballito de batalla de la transición democrática fue despreciar a la política y a los políticos. Apenas alguien adquiría cierto grado de escolaridad y ponía cierta atención al debate público, aprendía que la política es una cloaca y los políticos sus habitantes.

Quienes podían vivir bien sin mezclarse con la política y con el gobierno, las clases medias, empezaron a despreciar a la política y al gobierno, y se desentendieron de ellos.

En lugar de corregir con su voto lo que despreciaban de la política, nuestras clases medias hicieron motivo de orgullo darle la espalda al estercolero de la política.

El estercolero empeoró entonces, pues muchísimos votos de los que podían haberlo limpiado un poco, escogiendo mejores candidatos, no quisieron colaborar a la limpia ni con el pétalo de un voto.

La democracia es una exageración de la estadística, decía Borges. Pero si la población más educada y más independiente de cada país se resta, la democracia se vuelve una exageración de la estadística a la baja.

El voto masivo de la clase media puede mejorar a México.