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#LaPeorMamá. ¿Educamos o domesticamos?
Foto de Archivo

Los adultos “domesticamos a los niños de la misma manera en que domesticamos a un perro,…, lo castigamos y lo recompensamos. Adiestramos a nuestros niños a quienes tanto queremos, de la misma forma en que adiestramos a cualquier animal doméstico: con un sistema de premios y castigos…

Cando no acatábamos las reglas, nos castigaban; cuando las cumplíamos, nos premiaban… Pronto empezamos a tener miedo de ser castigados y también de no recibir la recompensa, es decir, la atención de nuestros padres o de otras personas como hermanos, profesores y amigos. Con el tiempo desarrollamos la necesidad de capar la atención de los demás para conseguir nuestra recompensa…

Debido a este miedo a ser castigados y a no recibir la recompensa, empezamos a fingir que éramos lo que no éramos, con el único fin de complacer a los demás, …” (Los cuatro acuerdos. Miguel Ruiz).

No saben el impacto que generó en mi este capítulo del libro “Los cuatro acuerdos”.

Creo que lo leí en prepa pero no recordaba nadita de nada. Ahora, lo estoy leyendo de nuevo, como si fuera la primera vez para un curso de autoestima.

Mi cabeza no deja de dar vueltas sobre este tema. Y es que es verdad, llevamos domesticando humanos por generaciones y generaciones por las reglas impuestas desde hace muchísimos años.

Que por supuesto han evolucionado y cambiado pero el sistema sigue siendo, en la mayoría de los casos, el mismo: el premio y el castigo. El que los niños hagan las cosas porque así se los dicen, sin poder cuestionar absolutamente nada. Y siguiéndolas para “tener felices” a mamá y a papá.

Cuando crecemos nos revelamos ante algunas de estas reglas impuestas, pero otras las acatamos durante toda nuestra vida porque “así debe de ser” aun y cuando en el fondo quizá no estamos de acuerdo.

Ojo. Yo no digo que no deban existir reglas o límites, pues son de vital importancia para los niños; y en general para todos los seres humanos. La permisividad es un extremo al que no debemos llegar pues los niños se sienten completamente desprotegidos y perdidos.

Sin embargo, debemos normalizar que el “porque lo digo yo” no es una forma ni amable ni amorosa para educar.

Premiar y castigar a nuestros hijos deja de funcionar tarde que temprano. Este sistema es inflacionario y se nos sale de las manos.

No debería haber necesidad de premiar a los niños por hacer lo que les corresponde hacer, así como tampoco debería haber necesidad de lastimarlos. Porque el castigo es una forma de lastimar a nuestros hijos, de hacerlos sentir culpables, es una forma de vengarnos de ellos por hacer algo que no nos gustó.

No tengo toda la verdad, y sé que cada quien trabaja con lo que tiene como mejor puede. Sin embargo sí me gustaría invitarte a reflexionar sobre la forma en que estás educando a tus hijos, sobre lo que quieres a mediano y largo plazo para ellos; no solo en el preciso instante en que les dices que eso no se hace “porque no y punto”.

Si de verdad queremos niños, jóvenes y adultos comprometidos y responsables, debemos educarlos desde el amor y el respeto mutuo, con límites firmes, sin imposiciones; generando conexión y confianza. Debemos educarlos, no domesticarlos.

Y tú, ¿educas o domesticas a tus hijos?

Gracias por leer
#LaPeorMamá