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Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte, ha desaparecido en el momento que más se le necesita.

Zaldívar no se ha pronunciado sobre la violación constitucional que perpetró el Senado la pasada semana, colando a última hora, en su aprobación del proyecto de reforma judicial del propio Zaldívar, un transitorio que le da a Zaldívar dos años más en su cargo.

El transitorio del Senado viola el artículo 97 constitucional que establece que la presidencia de la Suprema Corte se define por el voto de los ministros de la misma Corte, por un tiempo improrrogable de cuatro años. La presidencia de Zaldívar termina en 2022. La han pasado a 2024.

El Senado incurre en una doble violación constitucional. Por un lado, se salta el mecanismo previsto en la Constitución para nombrar al presidente de la Corte. Por otro lado, le impone reglas al Poder Judicial, desconociendo su autonomía, pues esa autonomía consiste, sustantivamente, en gobernarse según sus propias reglas, no con las que le dicte otro poder.

Zaldívar no ha dicho una palabra respecto de esta doble injerencia del Poder Legislativo en el Poder Judicial. No ha defendido la autonomía del poder que preside.

Ha desaparecido en el momento clave. No hay gran noticia en esto. De por sí la Corte que preside Zaldívar está desaparecida; ha pospuesto para las calendas griegas sentencias que debería emitir sobre casi 20 leyes fundamentales de este gobierno que están sujetas a disputa constitucional.

La Corte calla hasta hoy sobre estas querellas, igual que Zaldívar calla ahora sobre la intromisión del Senado en el poder que preside. Un presidente de la Corte que calla y acalla a la Corte.

El transitorio inconstitucional del Senado tiene un tinte político obvio: haría coincidir la salida de Zaldívar de la Corte con la de López Obrador de la presidencia, en 2024.

La coincidencia ha despertado suspicacias lógicas de que la ampliación inconstitucional del periodo de Zaldívar es un ensayo para la ampliación inconstitucional de la presidencia de López Obrador.

Nadie se chupa el dedo en México respecto de que esta provocación del Senado viene del Poder Ejecutivo, que en estos días se ve reducido al capricho de su titular, el Presidente. El silencio de Zaldívar es estruendoso.