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Hasta el momento de iniciar la redacción de lo que usted está leyendo, nadie —excepto el buen gusto y el sentido común— ha desmentido que el engendro que apareció el pasado sábado como el supuesto logotipo del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles —antes Santa Lucía— sea el verdadero y definitivo símbolo gráfico de una de las obras magnas de la 4T.

Lo más cercano a una declaración oficial al respecto ha sido lo dicho por el candidato a diputado federal por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el guerrerense Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, quien a través de su cuenta de Twitter expresó: “Un escándalo por el logo del Aeropuerto Felipe Ángeles pero nadie menciona que tuvo un costo bajo (3,000 pesos)” —les robaron acota el autor de la columna—. Luego añadió el señor Sandoval: “En España gastaron casi $3 millones (139,000 euros + IVA) en actualizar un logo. Pero la derecha mexicana admira la corrupción extranjera: #AIGA Santa Lucía #Mamut”. Así terminó su mensaje Pablo Amílcar quien como la mayoría de los políticos mexicanos, independientemente del partido al que pertenezcan, callado se defiende mejor.

Citar lo que costó la actualización de un logotipo en España a nadie le interesa y, en última instancia, tendríamos que saber con exactitud en qué consistió la actualización a la que se refiere el candidato, qué tamaño tuvo y qué material emplearon. Pero donde no se midió el hermano de la titular de la Función Pública federal, Irma Eréndira, es en la frase donde por querer denostar a la derecha mexicana termina insinuando que en la madre patria se practica la corrupción: “Pero la derecha mexicana admira la corrupción extranjera”.

El que escribe lee, de vez en cuando, periódicos españoles y a través de ellos me entero que en España se cometen actos de corrupción, pero que con su pan se la coman. Si Sandoval Ballesteros tuviera estatura como político, hasta una nota diplomática podría provocar por su conjetura, sin pruebas, sobre la corrupción ibérica. Otra cosa, antes de regresar al chafísima emblema que nos ocupa. No se vale que los miembros de Morena se sientan con el exclusivo derecho de calificar quién sí y quién no puede ostentarse de izquierda o de derecha. En cuanto alguien no está de acuerdo con alguna propuesta del gobierno emanado de ésta institución política es de derecha. Con esta actitud de intolerancia y cualificación gratuita los que actúan como de derecha son ellos. Pero que con su pan se lo coman.

De regreso al espantoso logotipo de 3,000 pesos, yo me pregunto, ¿quién lo hizo? Por su elemental creatividad, tal vez la insignia fue realizada por algún uniformado que dedica sus ratos libres al dibujo. Con esto quiero decir que el boceto fue elaborado como símbolo provisional, mientras el Aeropuerto es construido, como sabemos, por ingenieros militares.

También he pensado que el emblema es un “fake logo”, maquinado por los adversarios de la 4T para desprestigiarla pero, francamente, si entre los antagonista de López Obrador hubiera personas con imaginación como para crear esa turbación, las utilizarían en la creación de sus anuncios electorales que son tan malos como el logotipo.

Lo que más me llama la atención de la alegoría es el mamut —antípoda del avión— que logró colarse a la imagen —como el águila que se retrató en el dinero— porque durante la construcción del multicitado Aeropuerto fueron encontrados, unos dicen que 60 otros que 200, restos de éstos proboscidios, bisabuelos de los elefantes.

Al paso de los años, cuando algún turista pregunte lo que significa el mamut en el logotipo, se le puede contar la siguiente leyenda: El Aeropuerto Internacional iba a construirse en el Lago del Texcoco, pero el Tlatoani y sumo sacerdote Amlotl, tuvo una visión y ordenó: El aeropuerto debe construirse donde se encuentre un mamut pegándole con la trompa a un periodista fifí.