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La semana pasada me referí a la importancia de los procesos electorales para el rumbo de la 4T en la segunda mitad del sexenio y para la construcción de figuras opositoras de cara a la sucesión presidencial de 2024.

Las elecciones de este año también podrían acabar de encauzar al país en la ruta de la polarización. Y según las encuestas, ese podría ser el destino de estos meses de campañas.

Hace unos días, el encuestador y analista Alejandro Moreno presentaba un mapa del electorado (El Financiero, 05/02/21) y clasificaba a los ciudadanos en cuatro grupos. En un extremo, la base de la 4T, que incluye a quienes aprueban al Presidente y prefieren a Morena (39 por ciento). En el otro, la oposición dura, con los que lo desaprueban y votarán por la oposición (17 por ciento).

En medio están los “electores deferentes” que, aunque aprueban al Presidente, no piensan votar por Morena (23 por ciento), y los “insatisfechos” que rechazan tanto al Presidente como a la oposición (21 por ciento), los más alejados de la política y los menos propensos a votar.

En estas circunstancias, la clave para el Presidente y su partido será mantener su base energizada. Ese voto y, si acaso, el de parte de los “deferentes”, le bastarían a Morena para asegurar la victoria. No se trata tanto de conquistar nuevos electores.

Siendo la corrupción lo que más preocupa a los partidarios de la 4T, es previsible que Morena convierta al pasado en el eje de sus mensajes. Los casos judiciales en curso y por venir, y el recordatorio cotidiano de todos los males del PRIAN, serán temas centrales en su discurso.

A la oposición no le alcanza con sus electores duros. Para dar la pelea, necesita el voto de parte de los “deferentes” y, si lograra activarlos, también de los “insatisfechos”. Es una tarea titánica que la llevará a enfocarse en el Presidente y en la gestión de asuntos como la pandemia y la economía. Para contrarrestar las acusaciones de corrupción, es previsible que apuesten por la irritación social.

Así, entre acusaciones de corrupción e ineptitud, y sin profundizar en planteamientos sustantivos, se dirimirán las próximas elecciones. Más allá de cómo queda la representación política, habrá que ver qué tan confrontado deja esta dinámica al país.