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Hace cuatro años la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton parecía imposible. Las encuestas y los modelos estadísticos apuntaban al triunfo de la demócrata y, sin embargo, fue Trump quien se llevó el Colegio Electoral y, con ello, la presidencia.

Con este antecedente, aunque las encuestas ponen por delante a Joe Biden, lo cierto es que no hay pronóstico garantizado; menos cuando la contienda da vuelcos inesperados, como ahora que el presidente enfermó de covid-19.

Con todo, hoy la situación es diferente. Para comenzar, la ventaja en las encuestas que Biden tenía hasta este fin de semana (ocho puntos porcentuales en promedio) duplica la que Clinton reportaba a estas alturas de la contienda.

Además, el candidato demócrata lleva delantera en nueve de los estados que Trump ganó en 2016, incluidos Michigan, Wisconsin, Pensilvania, Arizona y Florida. Aunque en algunos de ellos las encuestas subestimaron entonces el voto republicano, ahora dan a Biden una ventaja mayor que la que tuvo Clinton.

La tendencia más reciente tampoco favorece a Trump. Hace cuatro años acortaba su distancia de Clinton y ahora se está quedando atrás. La encuesta de NBC/Wall Street Journal dada a conocer el domingo pone a Biden 14 puntos arriba, mientras otras publicadas ayer le dan un margen de entre 10 y 12 puntos.

El debate no le sumó al presidente. Su agresividad fue desaprobada por la mayoría de los ciudadanos (incluida una parte de los republicanos) y Biden fue visto como el ganador. El aumento en las intenciones de voto a favor del demócrata vino justo después de ese encuentro.

Todavía es imposible medir el impacto que tendrá el contagio del presidente, pero sabemos que hay una amplia percepción de que se buscó la enfermedad por no tomarla en serio. Aun con una pronta recuperación, la enfermedad lo sacará del ritmo y, cuando menos por algún tiempo, centrará la discusión en el covid, un tema que no le abona.

Ciertamente, después de lo que pasó hace cuatro años, nadie se atrevería a asegurar el desenlace de esta elección. Pero los vientos que ahora soplan en contra de Trump son más fuertes. Sin algún suceso o revelación que cambie su sentido, su triunfo este noviembre se ve francamente improbable.