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Es la gran conquista de los gobiernos autoritarios: no pagar al momento el costo de sus acciones. Aunque por eso, después no sueltan el poder, porque el costo de no pagar al día se acumula con los intereses de la historia.

Nuestro mayor ejemplo de no pagar costos es el doctor Gatell, vocero oficial para la peor pandemia del mundo desde 1918: año de la Influenza Española (que mató a 50 millones) y, también, cabe aquí recordarlo, del autoritarismo soviético.

Tan temprano como el 20 de abril, TV Azteca detectó a Gatell como un grandísimo vendedor de humo. En el principal espacio editorial (y de demostración del poder político del propietario) puntualizó:

Como todas las noches, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell encabezó la conferencia sobre el COVID-19. Pero sus cifras y conferencias ya se volvieron irrelevantes. Es más, se lo decimos con todas sus palabras, ya no le haga caso a Hugo López-Gatell”.

Gatell es nuestro personaje público con mayor impunidad, si se tiene en cuenta que puede anunciar la muerte de los mexicanos con una tranquilidad pasmosa, ya no sólo para propiamente anunciar las cifras, sino para cambiarlas y cambiarlas.

El 4 de mayo pronosticó: “Podemos tener otros dos mil o tres mil fallecimientos, y con ello ya tendríamos casi 6 mil”. El 23 de abril le dijo a la agencia española EFE: “Estamos hablando de que fallecerán siete, ocho mil personas”.

Sólo en un país gobernando sin contrapesos pudo sobrevivir Gatell a su juego de números en el arranque de la pandemia. Sin embargo, continuó con su manera festinada de manejar la información en el tema más sensible para los seres humanos.

Porque tan rápido como 10 días después de declarar a EFE que morirían ocho mil mexicanos, dijo que morirían “30 mil o incluso 35 mil defunciones”. Para luego corregir nuevamente: “Incluso, un escenario muy catastrófico que pudiera llegar a 60 mil muertes″.

Una irresponsabilidad ingenua, pero muy temeraria: no asume que es apenas un médico al que le gusta la grilla y que cree que ésta es un juego, como creen que son técnicos de futbol los sedentarios que ven todos los partidos de la Liga, en su casa tomando cerveza.

Vamos, hasta admite un subregistro de muertes (van casi 65 mil), ya que “hay personas que pierden la vida y han tenido cuestiones clínicas sugerentes de Covid, pero no quedan registradas como Covid porque no tienen una demostración por laboratorio”.

Porque su jefe no utiliza cubrebocas, Gatell asegura que “el uso de cubrebocas no sirve para proteger a la población del contagio de coronavirus u otras enfermedades infecciosas”; y que su jefe no contagia porque tiene fuerza moral. ¿Médico? Grillo amateur.

Dice todo eso con una ligereza espeluznante.