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Entrada la tarde del pasado miércoles, circuló en los medios de comunicación una copia de la denuncia del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, Emilio “L” para los cuates de la Fiscalía. Nadie sabe cómo se filtró la carpeta de 63 hojas porque con la Fiscalía sucede algo similar que con las fotografías que muestran algunas mujeres en su perfil del Facebook o en el famoso Tinder, tienen muchos filtros.

A mí me llamó la atención que en la conferencia de prensa que celebró ese día el presidente de la República en la capital del estado de Querétaro, entre las 7 y las 9 de la mañana, el gobernador de la entidad Francisco –Pancho– Domínguez, por lo que dijo para defenderse de la imputación de Lozoya, ya supiera de la existencia y el contenido del documento donde Emilio “L” les cargó la caballería a varios e importantes presuntos corruptos, a los cuales el voto de los ciudadanos llevó al poder para con ello darle significado a la frase que dice: Un pueblo que elige corruptos no es víctima, es cómplice.

Hasta el momento de la precitada conferencia mañanera en Querétaro, lo único que sabíamos, oficialmente, era la existencia de un vídeo donde se veía a dos personas. Al momento de recibir pacas de billetes, uno de ellos era Guillermo Gutiérrez, secretario particular del, en ese entonces senador, Francisco Domínguez. Como se supo, Gutiérrez fue obligado a renunciar para hacerle el paro a su jefe. Lo raro es por qué antes de que los ciudadanos supiéramos, ya no digamos el contenido, siquiera la existencia del documento, don Pancho ya lo sabía. Y como él, seguro estoy, todos los implicados. ¿Será que los políticos son clarividentes y tienen bolas de cristal? Me parece raro. He sabido de muchos (políticos) que tienen los huevos azules pero bolas de cristal, no.

En su declaración que cimbró al sistema como nunca antes había sucedido, Emilio Lozoya señaló como culpables de cometer actos de corrupción a políticos tanto del PRI como del PAN. Algo nunca visto, entre los acusados tres expresidentes: Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Carlos Salinas de Gortari, éste último padece el Síndrome de Mickey Mouse, se muestra inteligente y agradable para que todo mundo olvide que es una rata.

Tres exsecretarios de Hacienda: Luis Videgaray Caso; José Antonio González Anaya, también exdirector de Pemex; José Antonio Meade (no sabía yo que a Pinto le gustara Plata, Kimo Saby). También entre los presuntos delincuentes se encuentran Carlos Treviño Medina y Francisco Olascoaga, funcionarios de Pemex; y los legisladores: Francisco Javier García Cabeza de Vaca, Francisco Domínguez, Jorge Luis Lavalle, David Penchyna, Ernesto Cordero, Miguel Barbosa y Ricardo Anaya. Quienes me hicieron recordar el adagio que dice: En los países islámicos a los ladrones los amputan. En Europa los imputan. En México los hacen legisladores.

Si alguien piensa que basta la acusación de Lozoya para considerar culpables a los mencionados, lamento decirle que está equivocado. La inculpación de Lozoya sólo es una presunción que debe probarse jurídicamente. ¿Ustedes saben el tiempo que se va a llevar cada juicio de los 17 implicados? Es muy fácil acusar, probar ya es otra cosa. Aunque yo no tengo bolas de cristal, ni los huevos azules, me atrevo a pronosticar que los juicios de Lozoya y los que él ha embarrado se van a ir, por cuestiones lógicas de tiempo y, además, por así convenir a los intereses del gobierno actual, mínimo hasta las elecciones del 2021, si no es que cuando éstas se lleven a cabo sólo le suban a la curva del interés público y así se la lleven. El caso Lozoya y sus 17 acusados se va a ir a extra innings –el sueño dorado de los fanáticos al Rey de los Deportes.

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