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A cambio de inmunidad y para que no deshonren más a su madre, esposa y hermana, Emilio Lozoya delatará a supuestos beneficiarios de multimillonarios actos de corrupción. En la lista estarán sus personales desafectos pero, insidiosamente, cuantos “corruptos” le dicten a dúo la Fiscalía General y el gobierno de la República para que, aunque jurídicamente no prosperen muchas de las acusaciones, “el pueblo” conozca y “juzgue” a funcionarios y políticos de los sexenios 2006-2018, comenzando, claro, por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Su posición ante los jueces entraña una aberración: es “inocente”, pero son “culpables” las personas por quienes fue “sistemáticamente intimidado, presionado, instrumentalizado (usado para conseguir algo)”.

Ajá, Chucha.

Su actitud es la misma de los criminales de guerra nazis que buscaron salvarse de la horca diciendo que solo seguían instrucciones.

Pero a ver: la compra “inflada” de Agronitrogenados fue técnicamente legal. Era un compromiso del Pacto por México; el avalúo lo hizo el órgano para inmuebles gubernamentales de la Secretaría de Hacienda y la operación fue autorizada por el Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos.

Supóngase que Lozoya, director de la petrolera, no hubiera querido que se adquiriera, pero se lo ordenaron los secretarios de Energía, Hacienda y el mismo Peña Nieto. ¿Dónde está la marranada?

De los sobornos de Odebrecht, la especie que tanto excita a las turbas menos informadas y más devotas del lopezobradorismo, es que se emplearon en la campaña presidencial peñanietista y en la “compra” de apoyos legislativos para sacar la reforma energética (que abomina el actual gobierno). Pero los delitos electorales de 2012 no solo ya prescribieron, sino que lo mismo han cometido todos los partidos y ninguno tiene cara para lanzar la primera piedra. Tres casos estruendosos: Amigos de Fox, Pemexgate y los videoescándalos (los fajos de dólares en maletines que recibieron el incondicional del entonces presidenciable Andrés Manuel López Obrador, René Bejarano, quien pastoreaba la mayoría perredista en la asamblea capitalina, y otros relevantes progres, fueron dinero sucio para “la causa” partidista).

Y para que se aprobara la reforma energética lo menos que se requirió fue sobornar a diputados y senadores. Era una vieja y lógica propuesta panista, tanto por las necesidades del mercado interno y mundial como por las ineficiencias crónicas de Pemex, el monopolio del que ningún mexicano es “dueño” ni “socio”, con graves problemas financieros e incapaz de hacer exploraciones y extracciones en aguas profundas.

¿A quién perjudica la competencia en la banca, la telefonía, la gasolina o el diésel?

Nadie se sorprenda de los nombres que Lozoya profiera.

Siento lástima por él. Mi madre diría que “tiene cara de gente decente”.

Émulo del criminal Jennifer, “testigo protegido” de las autoridades gringas que resultó ser un contumaz calumniador, Lozoya quiere que de hoy en adelante se le identifique como ERLA.