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#LaPeorMamá Lo peor de las mudanzas
Foto de Archivo

Sí, sigo en mudanza. Bueno, la mudanza ya terminó, pero me parece casi imposible terminar de acomodar el nuevo hogar.  

El día de hoy desperté cansada aún habiendo dormido mis 8 horas y bastante harta aún sin haber hecho nada.

El viernes pasado llegó la mudanza a la CDMX procedente de la Sultana del Norte. No saben qué cosa. Mudarse a un 8vo piso es todo un tema. Sobre todo si el elevador es lo suficientemente viejo como para que no se pueda utilizar para subir más que 2 o 3 humanos y por supuesto ningún mueble o caja. Esa es la regla, nada que yo pueda hacer contra eso.  

Trece, sí, 13 señores llegaron a realizar la entrega de mis pertenencias. Que, aunque realicé limpieza antes de la mudanza, siguen siendo demasiadas.  

Hubieran visto la cara de los pobres hombres cuando vieron la escalera y el 8vo piso. Yo me quería morir y eso que yo no tenía que cargar nada.  

Día y medio tardaron solamente en subir todo. Si, eso que tardaron en empacar y llevarse 5 personas (12 horas), tardaron 13 personas en subirlo a un octavo piso y sin desempacarlo, sólo en meterlo al depa.  

Definitivamente, estos señores se merecen aplausos, porras y mega propina por el trabajo realizado. No volaron absolutamente nada, todo cargado 8 pisos.

De verdad me escondía cada vez que veía llegar a alguno al departamento sin aliento y sudando, cargando cajas y muebles.  

Yo me dedicaba a indicar el lugar de las cosas y a llevarles refresco a los señores para que no murieran de deshidratación.

Después de esos dos días de terror, que incluyeron la amenaza de que mi centro de lavado no entrara y tuvieran que pasarlo volado por un tragaluz desde la azotea, comenzó la desempacada de todo.  

Sí, definitivamente la ayuda de los señores es invaluable, ellos empacan, cargan, acomodan muebles y sacan todo de las cajas.

Pero, y es un gran pero. No importa que tamaño tenga la casa de la que uno sale y que tamaño tenga la casa a la que uno llega acomodar es una pesadilla.  

Había 5 señores preguntándome en donde ponían la ropa del niño, la de la niña, mi ropa, la del señor. 

  • Señora ¿donde pongo el sillón?
  • Señora ¿las maletas donde?
  • Señora ¿los artículos de limpieza? 
  • Señora ¿donde quiere los blancos? 

Casi saco a todo mundo a gritos de mi casa. No podía, no podía visualizar en dónde iba yo a guardar ni siquiera mis calzones.  

Finalmente, decidí que me dejaran la ropa en cajas y sacaran las cosas que sí sabía más o menos dónde irían. Pocas cajas dejaron llenas y muchos clósets llenos de cosas que después me di cuenta que para nada tendrían que ir ahí.  

Así que, 3 días después de que llegara todo, arranqué yo con la organizada.  

Le he dado vueltas a las cosas, subo y bajo cosas de un lugar a otro para hacer espacio. Abro una caja para meterla donde me doy cuenta de que está lleno de cosas que desempacaron y metieron donde mejor les pareció y debo reacomodar y termino haciendo otra cosa completamente diferente a la que había comenzado a hacer.

Aunque pensándolo bien, eso me pasa muy seguido con todo lo que hago en el día. Empiezo tratando de lavar ropa y termino lavando trastes y regando, por supuesto sin haber lavado.  

Hay que colgar cortinas, hay que acomodar la cocina, hay que acomodar la ropa, hay que guardar juguetes. 

Y, aunque supuestamente entre todos lo haríamos, lo cierto es que el señor de la casa tiene que trabajar, así que en sus ratos libres hace lo más que puede. Y los niños… ay, esos monstruos míos, se “cansan” de guardar dos calcetines y aplican la fantasmal para dejarme sola sacando y guardando cosas.

Ya me lo han dicho muchas veces y muchas personas: No tienes que terminar en un día. Pero me da no sé qué no terminar, porque soy muy capaz de dejar todo en las cajas y no abrirlas jamás. No, no es broma. En esta mudanza se vinieron cajas de libros que no abrí en la última, que fue hace tres años.

Así que hoy escribir es mi desfogue y mi entretenimiento para no desempacar y acomodar. Doy gracias por tener esta tarea de darles algo que leer a ustedes y que se chuten mi drama para poderme desahogar.

No importa que me haya mudado 7 veces de casa (solo en mi vida conyugal) de las cuales 5 han sido de ciudad, siempre termino odiando el proceso, porque dejar una casa donde estás muy cómodo para llegar a una nueva donde no sabes ni dónde esta el sartén es terrible, aunque no puedo negar que es emocionante.  

Eso sí les puedo decir. Estoy muy feliz de estar en esta nueva casa y se que será un hermoso hogar para mi familia. Poco a poco va tomando forma y no sé cuánto tiempo pasaré aquí, pero sé que seremos muy dichosos. 

Ya les contaré cómo queda todo o si de plano dejo las cosas empacadas para dejar de sufrir. 

Gracias por leer

#LaPeorMamá 

Por Claudia García Reyes

Twitter: @La_peor_mama