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“La rueda tiene que girar”, dice un buen y sabio amigo, refiriéndose a que la sana distancia y la política del confinamiento tienen que tener un fin, si no queremos que los costos económicos sean, al final, más catastróficos que la enfermedad.

Tiene razón desde muchos ángulos. El económico, desde luego, porque es imposible mantener parada la economía por tiempo indefinido, sin que la solución resulte, al final, más cara que la enfermedad.

Tiene razón también, desde el punto de vista de la realidad, porque no es verdad que la economía se haya detenido totalmente, ni que podamos detenerla en lo fundamental, sin empezar a morirnos literalmente de hambre.

De modo que la sana distancia y el confinamiento, vistas en el conjunto de las sociedades y de la economía, son soluciones parciales, parcialmente ejecutadas, con un alto componente de desigualdad, pues hay quien puede permitirse y quien no puede permitirse la sana distancia, quien puede establecerla en su casa y quien no puede.

Por último, está la lucha elemental de la vida contra el miedo, la presión invisible, incontenible, que son las ganas colectivas de salir, de volver a la normalidad, de regresar a la vida.

La idea de regresar a la normalidad, al menos en los meses que vienen, es utópica, irreal, desinformada, incluso peligrosa. Pero al mismo tiempo es irresistible, es una pulsión colectiva vital, que no puede contenerse con reglamentos.

Lo que no hayan logrado los países con políticas adecuadas, adelantándose a las realidades de la pandemia, controlándolas en fase de prevención, más que en fase de crecimiento, será imposible lograrlo con políticas para atajar lo que ya está sucediendo.

El Massachusetts Institute of Technology publicó recientemente una gráfica comparativa de expectativas de muerte en América del Norte, en la fase de la salida de nuestras sociedades a la ”nueva normalidad”.

La gráfica es un juicio crítico, comparativo, de quién administró bien la epidemia y quién no.

Según esa gráfica, las defunciones de EU crecerán entre el 1 de junio y el 1 de septiembre hasta 208 mil muertos. Las mexicanas, hasta 132 mil. Las canadienses, poco más de 12 mil.   A lo hecho, pecho. A lo no hecho, también.