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A buen fin no hay mal principio, dice el dicho, y se ha cumplido con nitidez en el fallo de la Suprema Corte, sobre la llamada ley Bonilla. Antiley Bonilla debió de llamarse en realidad porque era una propuesta contraria en todo a la Constitución y a las leyes electorales del país.

La antiley Bonilla fue maquilada por el Congreso saliente de Baja California, hace un año.

A cuenta de un supuesto ejercicio de su soberanía constitucional estatal, el Congreso local subió a cinco el número de años que Jaime Bonilla podría gobernar, aunque hubiera ganado la elección para gobernar solo dos.

El asunto se antojaba una barbaridad de obvia e inmediata resolución por la SCJN. Pero la Corte se tomó su tiempo en deliberar sobre el despropósito bajacaliforniano, y al paso del tiempo crecieron las sospechas de que todo podía tratarse de una sonda política con vistas a someter a la Corte y crear un antecedente para ampliar también el periodo presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Eran momentos en que el Presidente parecía muy fuerte y la descabellada maniobra de Bonilla tuvo vientos a favor. La mismísima secretaria de Gobernación dijo al pasar, una vez, que en su opinión la ley Bonilla “perviviría”.

Los rumores captan más la atención entre más increíbles y desorbitados son. Los de la antiley Bonilla prosperaron porque embonaban perfectamente con la creencia de muchos mexicanos de que López Obrador quiere alargar su mandato.

Si el propósito de la antiley Bonilla, era tirar una sonda a ver si se creaba un antecedente constitucional de mandato alargado, los ministros de la Corte le han cerrado la puerta, y bien cerrada, asumiendo todos la ponencia del ministro Fernando Franco, al que colmaron de coincidencias y elogios.

La Corte emitió un fallo por unanimidad que cancela, más allá de rumores y sondas, un espacio de incertidumbre constitucional.

Ha sido una decisión que pone un contrapeso tajante a la politiquería anticonstitucional de un gobernador y su Congreso.

Al votar por unanimidad, los ministros han tenido el cuidado de no dejar abierta en el caso ni siquiera la rendija de un voto en contra o de una abstención. Felicidades.