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En el pensamiento clásico de la división de poderes se habla de dictadura o tiranía cuando uno de los tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial, captura o anula a los otros.

Es decir, cuando uno de los tres poderes manda sobre los otros y rompe el ejercicio de gobierno equilibrado por la división de poderes.Una posibilidad extrema de captura de los tres poderes es la descrita por Madison: La acumulación de todos los poderes, el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, en las mismas manos, sean de uno, de pocos o de muchos, y sea por herencia, autonombramiento o elección, puede enunciarse con justicia como la definición misma de la tiranía.

Modestamente, en México estamos camino a la captura por el Ejecutivo no de todos los poderes del Estado, pero sí de una de las facultades centrales del poder Legislativo, en particular de la Cámara de Diputados. Me refiero a la facultad de definir el presupuesto.

El presidente Andrés Manuel López Obrador está pidiendo al Congreso que le apruebe una ley mediante la cual pueda reasignar el presupuesto establecido por la Cámara de Diputados.

La propuesta es que, en caso de emergencia, el Presidente pueda cambiar el presupuesto según lo requiera el momento crítico.Es decir, conviene repetirlo, que en caso de emergencia el Poder Ejecutivo pueda cambiar el presupuesto aprobado por el Congreso, sin consultarle.

El Ejecutivo, naturalmente, tendría que rendir cuentas de sus decisiones al Congreso, pero después de haberlas tomado. Después.Estamos en un año de emergencia sanitaria y económica. Sería absurdo no replantear las prioridades de un presupuesto que se decidió a fines del año pasado.

Pero entregar la decisión de hacerlo por sí y ante sí al Presidente es amputar una facultad democrática esencial de la división de poderes.

Ya el Presidente ha hecho y deshecho con el presupuesto mucho de lo que ha querido, sin respetar mucho la ley. Legalizar su tendencia manifiesta a manipular el presupuesto sería legalizar una dictadura presupuestal.

La verdad, aunque lo parezca, el país no está para eso. Está, aunque no lo parezca, para una convergencia democrática.