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Señoras y señores, ya no hay de qué preocuparse, la pandemia del Covid-19 quedó atrás, el presidente de Estados Unidos de Norteamérica se lo tenía muy bien guardado, había hecho de ello un secreto de estado que al fin tuvo que revelar con el único fin de tranquilizar a los habitantes del mundo. Detrás de la figura donde veíamos a una persona más ignorante que Peña Nieto hablando inglés; una mente más cerrada que la de Serrano Limón; se encontraba, quién lo dijera, una sabia inteligencia capaz de lograr un método para la exterminación del coronavirus.

Sí, señoras y señores, hombres y mujeres del planeta tierra, brindemos con alborozo por el señor Donald Trump, quien, el pasado viernes en una Conferencia de Prensa, anunció que ha logrado poner al alcance de todo tipo de personas dos métodos con los cuales es posible aniquilar al virus que daña al mundo. El futuro premio Nobel de medicina sugirió, para erradicar definitivamente el Covid-19 que está acabando con la humanidad en los cinco continentes, “inyectar desinfectante” en los pacientes para “limpiar los pulmones” o “aplicar luz solar al cuerpo humano” porque el virus muere más rápido al contacto con la luz. Fuentes cercanas al gobierno del país vecino del Norte nos hicieron saber que la solución al tremendo problema de salud el magnate la logró únicamente con un kit de doctor de ‘Juguetes Mi Alegría’.

Según los observadores, al parecer, el simple hecho de ser inquilino de la Casa Blanca genera en automático, en el ocupante de la residencia, una sabiduría en todos los campos de la experiencia humana, que nadie se atreve a rebatir. Así fue como la medicina y, concretamente, la inmunología hizo su aparición en el entendimiento del presidente Trump por ósmosis, ya que está científicamente comprobado que el magnate neoyorquino hace más de tres lustros que no abre un libro ni siquiera para guardar, entre sus páginas, la hoja de un árbol recogida durante el otoño en Central Park.

Los nuevos procedimientos para acabar con la pandemia inventados por el magnate, líder del mundo libre, convertido en científico nada más por sus glándulas sexuales, los divulgó delante de la doctora Deborah Birx, Coordinadora de Respuesta en Coronavirus para la Fuerza de Tarea de la Casa Blanca, y del médico Bill Bryan, Director de la División de Tecnología y Ciencia del Departamento de Seguridad, a quienes les ardía la cara de vergüenza ajena ante el tamaño de las pendejadas dichas por su jefe que no tiene ni la más leve idea de cómo está conformado el aparato respiratorio del cuerpo humano.

Después de dar a conocer sus eruditos hallazgos, Donald Trump, manifestó: “No soy médico, pero sí alguien que tiene un buen… (aquí golpeó levemente su cabeza como para presumir su cacumen)”. Funcionarios del gobierno y reporteros que estaban presentes en primera fila, muy cerca del presidente, comentaron que cuando Trump golpeó su cabeza se escuchó hueco.

Tercera edad

Un amigo de la tercera edad me platicó que cerca de su casa una frutería anunció: De 8 a 10 de la mañana, 20% sólo para ancianos. Mi amigo, me cuenta, llegó a las 8.05 y ya había una fila de mujeres y hombres de la tercera edad. En eso, me dice, arribó un hombre joven en una motocicleta y apresuradamente trató de pasar delante de todos. Una viejecita le dio un bastonazo. El joven intentó levantarse pero todos, viejas y viejos, nos fuimos sobre de él y lo golpeamos: patadas, madrazos y bastonazos. Todo maltrecho, como pudo, el joven se paró, corrió a su motocicleta, la echó a andar y nos gritó: Chinguen a su madre, hoy no abro.