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Todos lo sabemos, el Señor Presidente habla en plural cuando se refiere a su singular persona.

Su discurso abunda en esa forma oratoria llamada, “Plural de Modestia”, la cual –según dice el lexicón de la muy Real y Monárquica Academia Española de la Lengua –, tiene varias formas. A saber:

“Plural de modestia

1. m. Gram. plural empleado en lugar del singular por si este último pudiera indicar presunción, como cuando un autor se refiere a su propia obra; p. ej… En este trabajo sostenemos que…

“Plural mayestático

1. m. Gram. plural arcaizante empleado en lugar del singular para expresar la autoridad de reyes, papas, etc.

“Plural sociativo

1. m. Gram. plural que se usa en la lengua conversacional para dirigirse al oyente o a los oyentes implicando al hablante por razones de cortesía o afectividad; p. ej., en ¿Qué tal estamos?”

Obviamente en el caso presidencial la forma corresponde más a la modestia y menos a la majestad. Aunque a veces ni lo pareciera, como ayer, por ejemplo cuando en el límite de la furia, dijo como quien recoge (con perdón de Steinbeck), las uvas de la ira:

“…¿Cómo que se hace un acuerdo y que ahora Hacienda lo avale? ¿Y qué?, ¿nosotros estamos aquí de floreros, de adorno?”

Esa pregunta sobre la presencia y el florero, se puede plantear de otra manera menos comedida. La abuela decía, ¿estoy pintada, o qué? y la emprendía a escobazos contra quienes se portaban mal.

Pero el Señor Presidente no es capaz de darle a nadie con la escoba, aunque algo peor debe haber hecho con los secretarios de relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; de Hacienda, Arturo Herrera (ese ya es su puerquito hebdomadario), y de Economía Graciela Márquez, quienes sacaron las matracas y el confeti para saludar el acuerdo logrado por el Consejo Mexicano de Negocios con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para darles créditos a las pequeñas industrias por casi 300 mil millones de pesos.

Y eso enojó terriblemente al Señor Presidente a quien recientemente –por cierto– se le ha visto refunfuñón, agrio, molesto, enojado, intemperante, descolocado y un tanto cuanto encabronado por sí o por no, como ocurrió hace unos días cuando la emprendió de nuevo contra los periodistas. Quizá suspender sus viajes lo ha “cabreao”, como dicen los gitanos.

Muchos dicen, así es él y sí, así es y lo será hasta el término natural de su existencia, pero su más reciente expresión, –lejos del habitual, “eso si calienta” usada a cada rato– ha sido relativa al ofensivo “modito”.

Y ahí si, con todo respeto, el Señor Presidente me recordó a Pancho Villa. Esta anécdota no la he encontrado ni en Nelly Campobello, ni en Martín Luis Guzmán. Tampoco en Taibo II o en Rafael F. Muñoz. A lo mejor es falsa, pero es muy ilustrativa.

–Mándeme llamar a Fierro, dijo Villa. Y Fierro llegó.

–Dígame, mi general.

–Llévese a ese “pelao” que está ahí amarrado y me lo “ajusila” inmediatamente. Pero “¡orita!”. Me informa.

–Si, mi general.

Los tronidos de los Mauser hicieron saber de la orden cumplida.

–Ya, mi general Ya lo quebramos. Villa agradeció la celeridad del cumplimiento.

–¿Me permite una pregunta mi general?, dijo Fierro. Ante el asentimiento de Villa quien limpiaba una pistola llena de polvo, el subordinado preguntó:

–¿Por qué ajusticiamos a ese “endividuo”? ¿Qué hizo?

–¡Ah!, me mentó la madre…

–¿Y no más por una mentada, mi general?

–No –dijo Villa–, no fue por la mentada, fue por el tonito…”

Y la verdad “el tonito” de los empresarios, el BID y los secretarios entusiastas, no fue de grosería sino de algo peor, de indiferencia.

Porque tal parece como si hubieran ignorado al Señor Presidente. Unos –los empresarios sin cortesía–, para hacerle saber sus intenciones y los otros para felicitar a los hombres de negocios, sin preguntar primero por la aquiescencia de su jefe ante tales arreglos internacionales cuyo contenido prueba cómo pueden algunos rascarse con sus propias uñas, en un ambiente de tensión entre el CCE y la Casa Presidencial.

Y aun cuando no es indispensable, el presidente se adelantó:

“…ese aval no podemos nosotros otorgarlo, porque no queremos endeudar al país y queremos rescatar primero a los más necesitados”.

Total, en esta comedia de enredos sólo hay un resultado: al Presidente se le debe tomar en cuenta porque no es florero (nadie lo habría creído) y complacer, hasta con “el tonito…”