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El punto de partida de cualquier análisis es que —como escribió Luis Rubio este fin de semana— “el pasado ya no va a retornar”. En México, al igual que en otros países, el orden neoliberal dejó de ser políticamente sostenible porque sus consecuencias se volvieron socialmente inaceptables. Lo que ahora se debate en el mundo son las bases del nuevo orden.

En nuestro país, la ruptura con el viejo orden que ha polarizado a la sociedad es personificada por el presidente López Obrador. Por ello, no extraña que quienes lo apoyan lo hagan ciegamente y piensen que todas sus decisiones son positivas. Y tampoco sorprende que aquellos que no lo respaldan crean que solo hay errores y adviertan el abismo en cada coyuntura.

El problema es que, como argumenta David Brooks respecto de la crítica anti-Trump en Estados Unidos, las descalificaciones personales no plantean alternativas. Su lenguaje suele ser “apocalíptico” y, al final, es “incapaz de tener una conversación inteligente sobre cualquier problema de política complejo”. (NYT, 09/01/2020).

Algo parecido se vive en México y tal vez eso explica la triste situación de la oposición. En el mejor de los casos, el desconcierto de la derrota parece haberlos refugiado en la añoranza del pasado. Sobre el futuro, poco o nada plantean.

Por ejemplo, ante la noticia de una supuesta reducción de las pensiones, la oposición puso el grito en el cielo y anticipó una crisis que no se dio. Al final, no hubo recorte y el tema quedó ahí. Sin embargo, nada se planteó desde el campo opositor sobre el problema de fondo: la insuficiencia de las pensiones y su financiamiento.

Un escenario similar se vio con el desabasto de medicamentos, donde, más allá del argumento del caos, no se han presentado propuestas concretas para asegurar ese suministro y, al mismo tiempo, erradicar la escandalosa corrupción en el sector.

Sin esos planteamientos lo único que queda es la anticipación de un apocalipsis que no llega y solo desacredita a quienes lo presagian. Mientras el país siga en marcha, la oposición solo podrá fortalecerse en la medida en que deje de mirar hacia atrás y plantee alternativas para un futuro que necesariamente será inédito.