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“Right now We have a love affair with Mexico”.

Donald Trump

Se oye decir y se lee en muchas partes que el único contrapeso que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador es el presidente Donald Trump.

Con lo que quiere decirse una triste y no resuelta historia: que el presidente Trump le ha impuesto a México prioridades que  el gobierno de México hubiera preferido no tener.

Esa historia incluye la  renegociación del acuerdo de libre comercio de América del Norte, el cambio de la política migratoria mexicana de cara a Centroamérica y la exigencia, en curso, de una nueva guerra contra el narco.

La renegociación del acuerdo le costó a México dos años de incertidumbre para la inversión, que venía lenta ya en 2018 y recibió el tiro de gracia con las decisiones del gobierno de López Obrador: cancelar el aeropuerto de Texcoco, revisar las licitaciones petroleras y los contratos de gasoductos.

El nuevo acuerdo comercial da un horizonte de certidumbre, pero plantea importantes desafíos y una exigente rendición de cuentas en temas débiles de México: impactos ecológicos y   libertades sindicales.

La ofensiva dura de Trump en materia migratoria empezó precisamente por la vía comercial, con la amenaza de subir unilateralmente 5 por ciento de aranceles a productos mexicanos si México no cambiaba su política migratoria de hospitalidad a contención.

En solo unos días, Trump tuvo al gobierno mexicano sentado a la mesa comprometiéndose a cumplir cuotas de detenciones exorbitantes. Y a empeñar en esa labor, que se ha revelado odiosa, los efectivos de la Guardia Nacional, originalmente pensados para combatir la violencia.

Todo indica que la siguiente fase de exigencias de Trump es  que el gobierno de López Obrador reinicie también una política dura de contención del narcotráfico, vale decir, que relance la guerra contra las drogas de su odiado Felipe Calderón y de su  olvidado Enrique Peña.

Esto, por la expansión mexicana de la fabricación y tráfico de fentanilo, droga terrible que ha cuadriplicado en unos años las muertes por sobredosis en Estados Unidos.

No recuerdo una época en que las decisiones de un gobierno mexicano hayan estado tan alineados con los deseos puntuales de un presidente estadunidense. A este alineamiento es a lo que Trump llama su “love affair” con México.

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