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Muy sanos han sido los reflejos de la prensa y de los especialistas ante los preocupantes anticipos de la reforma judicial que se cierne sobre México.

El rechazo a los anticipos de la reforma ha sido unánime, porque la propuesta es regresiva en cuestiones fundamentales. Tan regresiva que, vista en su conjunto, probablemente lo que está proponiendo es la certificación de un Estado autoritario, con poderes legales para limitar derechos humanos y garantías individuales.

La reforma de que hablamos se trata en realidad de una avalancha de legislación que produce a la vez ceguera y vértigo.

La avalancha incluye una propuesta de reforma de 14 artículos constitucionales: el 5, el 6, el 18, el 19, el 20, el 21, el 73, el 76, el 94,  el 97, el 101, el 102, el 116 y el 122.

No pongo estos números porque crea que alguien vaya a entender nada leyéndolos, sino precisamente para sugerir lo contrario, tal como hace la revista Proceso en su excelente cobertura de ayer.

Además de los 14 artículos constitucionales, la avalancha propone cambiar seis leyes vigentes:La Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, la Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República, el Código Nacional de Procedimientos Penales, la Ley de Amparo, la Ley Nacional de Ejecución Penal, la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia para Adolescentes.

Circulan, además, borradores de dos  nuevas leyes: el Código Penal Nacional y la Ley Nacional de Cultura y Justicia Cívica.

Uno de los trucos de la avalancha legislativa judicial es que todos los cambios vienen juntos y con prisa. Su revisión meticulosa será muy difícil.

La avalancha iba a ser recibida y anunciada en el Senado el miércoles pasado, sin que se hubiera tomado hasta entonces la opinión de la Suprema Corte, ni del secretario de Seguridad. Según reportes de prensa tampoco estaba muy al tanto la secretaria de Gobernación.

El Senado mismo, dijo Ricardo Monreal, coordinador de la bancada de Morena, estaba “en la nada parlamentaria” respecto de la avalancha, pues desconocían los documentos precisos.

No hay un observador alerta que no haya externado su preocupación por el espíritu regresivo de la reforma.

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