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Los ex secretarios de Salud Julio Frenk y Salomón Chertorivski han hecho un primer balance de las incertidumbres que el Insabi echa sobre el conjunto del sector salud.

El primer asunto que destacan los ex secretarios, en un artículo publicado el domingo, es que el importantísimo instituto que regirá la salud pública de México nace “sin reglas de operación, sin manuales, sin una planeación detallada de su implantación, sin una fase piloto de prueba y sin mayor presupuesto”.

El Insabi es un instrumento sobre el que priva enorme confusión, lo mismo en las instituciones y en los responsables del sector que, sobre todo, en los usuarios.

El universo que puede verse afectado diariamente por deficiencias de operación en el nuevo instituto rector de la salud es el siguiente: cada día el sistema de salud pública atiende a un millón de mexicanos, da 900 mil consultas, atiende el parto de 4 mil 500 bebés y hace 12 mil cirugías.

Ni el sistema de salud ni el Seguro Popular han sido nunca un ejemplo de calidad, pero juntos habían logrado en estos años ampliar la cobertura de atención a 53 millones de mexicanos. Meterle tuercas irreflexivas a este engranaje, sin pruebas previas ni diagnósticos claros, es lo peor que puede hacerse.

Aquí sí cabe decir, aunque solo sea por el número de mexicanos protegidos, que lo anterior era mejor que lo que se propone.Han empezado a decirlo los pacientes dolidos, desconcertados, mal atendidos en muchos hospitales públicos. El mismo gobierno ha empezado a hacer correcciones sobre la marcha. Qué bueno.Según Frenk y Chertorivski, el Insabi siembra en el sistema de salud cuatro incertidumbres:

1. Sobre el financiamiento que recibirán las instituciones antes vinculadas al Seguro Popular.

2. Sobre los derechos que conservan en el nuevo sistema los 53 millones de derechohabientes del Seguro Popular.

3. Sobre las reglas a seguir para los gobiernos de los estados, ocho de los cuales no han querido suscribir el nuevo instituto.

4. Sobre el destino laboral del personal asociado al Seguro Popular, unos 80 mil trabajadores, cuya federalización debería producir, en principio, un nuevo sindicato federal de ese tamaño.

Tiene prisa el gobierno, pero la prisa en esto ha sido mala consejera.

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