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Al cumplirse un año del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no deja de sorprender el marcado contraste entre los balances que se presentan en los medios y los datos que arrojan las encuestas de opinión pública.

La crisis que los críticos destacan en materia económica o de seguridad, el deterioro institucional que otros apuntan, o el precipicio al que, según algunos más, nos encaminamos, no se corresponden con las valoraciones del grueso de la gente sobre este inicio de sexenio.

Las encuestas reportan un apoyo al Presidente cercano a 70 por ciento. Si bien los ciudadanos están efectivamente preocupados por la inseguridad y por la falta de crecimiento, esto no incide en la opinión que la gran mayoría tiene del presidente. Y es que para ellos lo importante no radica tanto en el ámbito de las políticas públicas, sino en la política en sí misma.

En política, las evaluaciones suelen ser referenciales y, comparada con el pasado, la forma en que el presidente ejerce el poder implica un cambio de fondo. Frente a autoridades que fueron lejanas, distantes, incluso insensibles, y cuyo único interés percibido era el de servirse a sí mismas, ahora hay una mayoría que se siente empoderada por un gobierno que hace suyas sus preocupaciones, que le da voz y que la representa.

Independientemente de las habilidades de comunicación del presidente y de su manejo de agenda pública, el cambio en las formas de abordar la política y de relacionarse con la gente es real y no puede minimizarse. Y ese cambio es el que hoy sostiene la popularidad del presidente.

En alguna medida también influye la ausencia de liderazgos de oposición capaces de romper con esa referencia a un pasado inmediato que la ciudadanía ya rechazó. Se hacen comparaciones con el pasado, pero también se evalúa a partir de las alternativas que están a la vista. Y ambos balances favorecen al presidente.

Más allá de la visión catastrofista que permea muchos de los análisis —solo equiparable al triunfalismo de los del otro lado—, el hecho es que su foco está puesto mucho más en la gestión gubernamental que en la nueva forma de hacer política del presidente. Y esto, hoy por hoy, es lo que más valora la mayoría de la gente.